EN LAS LOMAS DEL POLO NORTE

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POR SEGUNDO LLORENTE, S.J.

(continuación)

ECONOMIA DOMESTICA

En una carta que me escribe la reverendísima Madre Superiora de un convento guipuzcoano, me pregunta quién me lava y me plancha los purificadores, los amitos, las albas; quién me hace las hostias; quién me amasa los molletes de pan, en caso de que haya pan en Alaska; quién me remienda los calcetines, y así por el estilo muchas otras preguntas caseras indicadoras de su espíritu maternal, caritativo, previsor y femenino.

Estas mismas preguntas me atormentaban a mí hace tres años, cuando el aeroplano me traía por las nubes, camino de Kotzebue. Ni un Hermano Coadjutor, ni una terma de monjas misioneras, ni un sacerdote al lado en estas pampas nevadas del Círculo Polar. ¿Cómo me las voy a arreglar yo solo; yo, que no tengo en mi haber más que inexperiencia en todas las esferas de la vida práctica?

Pero no tardé mucho en hallar la respuesta. La necesidad es la madre de la invención. El entendimiento apretado discurre que rabia. Y, finalmente, ¿quién no recuerda el arpa arrinconada de Bécquer, repleta de notas dormidas en sus cuerdas, esperando la mano de nieve que viniera a arrancarlas?

Mis manos gordezuelas, con un si es no es de toscas, distan mucho de ser de nieve; pero, sean como fueren, lo cierto es que han sabido arrancar todas las notas necesarias para armonizar con ritmo tolerable la vida monótona que le espera a todo blanco que viene a vivir en Alaska.

Una mestiza, que no ha cumplido los veinte años, tiene una plancha modelo que maneja con destreza inusitada. Me deja los purificadores, las albas y los amitos blancos y tiesos como si fueran nuevos. Las hostias me las mandan todos los meses frescas y tiernas las monjas Ursulinas de Pilgrim Springs, unos ciento cincuenta kilómetros al sur de Kotzebue.

Lo del pan es aún más fácil. La esposa yanki de un minero también yanki tiene el don de amasar el mejor pan que he comido desde que salí de España. Vive en Kotzebue, a doscientos pasos de mi casa.

Al poco de llegar yo aquí, hicimos el siguiente convenio: yo compro dos sacos de harina y los llevo a su casa; uno es para ellos y el otro para mí. Cuando mi saco se termina, vuelvo a comprar dos sacos, y así sucesivamente. Yo no me preocupo de más.

Todos los lunes me trae dos molletes grandes que me duran toda la semana. Los yankis, a mi juicio, no comen una tercera parte del pan que comemos los españoles. La razón es muy sencilla: no saben .amasar como se amasa en España. El pan yanki no tiene corteza. Todo es molledo; y un molledo blanducho que al mascarlo se hace pasta.

Aquellos rescaños dorados y aquella corteza del pan español, que se quiebra entre los dientes como si fueran almendras, no los he vuelto a ver, ni espero volver a verlos. Mi panadera de Kotzebue saca una corteza muy rica y todo el pan es muy sabroso y alimenticio.

En cuanto a remendar calcetines y otras prendas de vestir, yo mismo podía hacerlo si quisiera ; pero se lo dejo a una semitullida eskimal que maneja la aguja con verdadero primor y que necesita algunos cuartos para vivir.

Esa es la vieja que me hizo un abrigo de pieles por todo lo alto y unas botas de piel por todo lo bajo. Luego la pago con café, azúcar, arroz, medias y alguna ropa interior de que yo estoy bien provisto merced a una organización de señoras yankis, que me mandan todos los años un cajón repleto de vestimenta de todos los usos, tamaños y colores.

Hay otra cristiana, mestiza, vecina mía, que me lava la ropa cada vez que lleno de ropa sucia un saco destinado al efecto. La ropa vuelve muy bien dobladita sin que falten botones ni se observen acá y allá cuchilladas ni descosidos. Es decir, que me trato a cuerpo de rey.

Nada más levantarme procuro hacer la cama, pues he visto por experiencia que, si no la hago entonces, no la hago en todo el día, y es muy desagradable encontrarse con la cama revuelta al free a acostar. Inmediatamente enciendo la estufa y me afeito. Luego barro el piso. En esto hay que ser inexorable y no dejar que pasen dos días seguidos sin hacer la cama, sin afeitarse ni barrer, pues dos días son muchos días y los hábitos repetidos forman pronto una segunda naturaleza.

Después de Misa preparo el desayuno, que es o puede ser variadisimo. Si no lo preparo entonces, no lo preparo nunca, y a eso de las doce tengo un hambre que no veo. Para salir del paso corto una rebanada de pan, que unto con mantequilla. Pero mientras lo como a deshora hago votos y promesas de no volver a dejar pasar la hora del desayuno sin un desayuno en toda regla.

Al día siguiente las promesas se las lleva el viento y vuelven a dar las doce sin desayuno. ¡Siempre hay algo que hacer!

Ultimamente he logrado ser persona formal y no hay día que no prepare el desayuno en toda regla, inmediatamente después de la acción de gracias que sigue a la Misa. Con un desayuno fuerte y con los dientes lavados y acepillados queda uno como nuevo y dispuesto a empezar el día con toda seriedad.

Por la noche preparo una cena nutritiva y abundante. El menú no puede ser más variado. En el invierno, carne de reno y tres variedades de peces que sólo entonces se pescan. En julio y agosto, salmones y truchas. En septiembre, gansos y patos silvestres sumamente grasientos y gordos. Por las Navidades, tármigans o aves norteñas. Y durante todo el año no me faltan patatas, cebollas, arroz, fideos y café.

Durante los guisos entretengo el tiempo con algún libro o revista. Son innumerables los trucos que he aprendido en la cocina. Si miro al puchero esperando que hierva, no hierve jamás; en cambio, si tomo un libro, comienza a hervir antes de terminar la primera página.

Si estoy de pie junto al puchero con el libro en las manos, nunca hierve tanto que se derrame el caldo, porque estoy a mano y puedo levantar la tapadera; pero si me siento en una silla a varios pasos del puchero, entonces hierve en seguida y a borbotones y se me derrama el caldo. Cuándo me levanto para quitar la tapadera, llego tarde.

A veces hago el disparate de ponerme a leer cartas mientras hierve el puchero, aunque sé y me consta que aquella vez me quedo sin caldo. Y dígase otro tanto del chocolate, de una tortilla o de cualquier otro condumio.

Cuando llega la hora de preparar la comida no se puede hacer otra cosa, so pena de estropear el cocido. Hay que dejar el libro, la revista de Misiones, las cartas, la máquina de escribir y todo lo demás que le llama constantemente a uno con unas voces estentóreas.

Comer a solas tiene también sus intríngulis. Tararear no se puede; silbar, tampoco; queda el leer, pero eso tiene sus inconvenientes. Si se lee algo interesante, se olvida uno del plato, y la comida se enfría.

Si se lee algo serio, la sangre tiene que acudir a la vez al estómago y al cerebro y el resultado es una mala digestión. Si se lee un periódico que ataca lo que uno considera poco menos que sagrado, la ira se sale de madre y termina uno la cena de mal humor.

Al cabo de mil fracasos en este particular he dado con un procedimiento que resulta bien: sujeto entre dos jícaras y un vaso, pongo el Kempis abierto al azar.

Si me canso de pensar y distraerme mientras como, leo unos cuantos versículos. Si me canso de tanto Kempis, como pacíficamente y sin disturbios psicofisiológicos.

Terminada la comida o la cena, hay que fregar los platos con agua hirviendo. Mi predecesor -- según me han dicho solía amontonar todos los platos y demás servicios durante la semana, y los sábados llamaba a un par de chicas que se los lavasen todos de una vez.

Yo no he descendido todavía a ese nivel. Con un tesón que a mí mismo me admira, friego todos los días los platos y los coloco limpios en su lugar.

Me contó un Misionero, solitario como yo, que él al principio daba una importancia suma a la cocina, hasta el punto de que no osaba sentarse a la mesa hasta qua veía que no faltaba nada, incluso la servilleta.

Poco a poco fue acortando en los platos y platillos, hasta que un día llegó a la sartén escueta. Es decir: guisaba algo en la sartén, y lo comía en la misma sartén. Así esquivaba el lavatorio que tanto llegó a aborrecer.

Pero resultó que tanta simplicidad no se avino bien con su estómago, que se vio atacado de úlceras muy difíciles de curar aquí.

Aquello me dijo a mí que una de dos: o lavar los platos todos los días, o úlceras en el estómago. Opté por los platos.

Nunca falta alguna novedad o sorpresa. Recuerdo perfectamente el día que me llegó la música del himno «Cara al Sol». Ya le había puesto yo una música mía muy marcial; mas cuando me llegó la música genuina me apresuré a llamar al organista, un eskimal muy hábil, cojo, grotescamente bizco, chaparrejo y muy charlatán. Primero tocó la pieza un par de veces, luego la canturreó hasta que yo la cogí. Ya en la cocina y formado militarmente, canté el «Cara al Sol”.

Entonces se me antojó que yo en las lomas del Polo Norte era una hoja prendida al árbol de la patria por algo misterioso, imposible de aquilatar en concreto. De todo el himno lo que más me electrizó fue la cadencia del “Volverán banderas victoriosas al paso alegre de la paz».

Desde entonces es tanto lo que he canturreado por casa el himno, que la rapacería se ha cogido la música, aunque no las palabras. Cuando yo lo canto medio distraído y la rapacería me acompaña a su modo, el conjunto es algo soberanamente sublime. Las dos señoritas de San Sebastián, que me lo mandaron, me piden ahora la música que yo le había puesto al himno. No puedo complacerlas por aquello de que nadie está obligado a lo imposible.

La llegada del correo es siempre bien venida. Poco a poco he ido redondeando mis conocimientos sobre la vida de los presos en las cárceles rojas. Las «FLORES DE HEROÍSMO», del P. Alonso, a quien conocí en Granada, me pusieron al tanto de los acontecimientos en Málaga. Allí pude ver asesinatos al por mayor, preferentemente el asesinato de los oficiales de Marina. Entonces me empecé a familiarizar con las palabras “saca” y “paseito”.

“LA EPOPEYA DEL ALCÁZAR DE TOLEDO”, escrita por el P. Risco, me llevó de la mano desde el mismísimo 18 de julio hasta la entrada de las tropas libertadoras. Varias veces en la lectura del libro estuve a punto de vengarme en alguna silla o puchero, pero me contuve y lo leí todo sin más novedad. Llorar de rabia y entusiasmo no es novedad alguna debajo del sol.

Los libros del P. Herrera y del señor Jalón me informaron de la vida en el “Quilates”, el “Altuna” y las cárceles cantábricas.

La odisea del P. Santos Fernández, escrita por el señor González Hoyos en su libro “Esto pasó en Asturias”, me puso al tanto de los acontecimientos en las cuencas mineras asturianas.

De Madrid estoy enteradísimo. El “Duende de la Colegiata” describe con mano maestra la táctica del terror rojo en toda la zona dominada por la hoz y el martillo, particularmente en Madrid.

El libro de don Teodoro Cuesta, “DE LA MUERTE A LA VIDA”, me descorrió el velo que ocultaba lo que ocurría en las checas madrileñas y la vida que se vivía en las embajadas.

Los azares de las monjas están descritos con mano maestra por la “PRISIONERA DEL SOVIET” y por las relaciones impresas por las Esclavas del Sagrado Corazón.

De Levante no me llegó nada en prosa, pero sí en los versos primorosos de mi compañero de Colegio el P. Eusebio Rey, prisionero en Gandía y otras poblaciones. Finalmente no ha faltado algún poema de Pemán para poner los últimos retoques y acabar de enardecerme en estas tundras nevadas del Círculo Polar Artico. A esto han ayudado no poco algunas monografías magnificas, como las de Adro Javier en su «LAUREADA DE SANGRE».

Pero la vida es un tejido de ocupaciones a veces las más heterogéneas. Después de terminar un libro sobre la guerra española, me doy cuenta de que ya llegó el barco de los EE. UU. con el material que yo había encargado. ¡Llegó la madera!

Con la ayuda de un eskimal muy hábil puse un segundo piso o suelo sobre el que ya tenía la casa, pero sólo a dos pulgadas uno del otro. Ese vano entre los dos suelos contribuye notablemente a calentar la casa durante el invierno. Hay, pues, que hacer de carpintero y hay que hacerlo bien so pena de echarlo todo a perder. Afortunadamente no nos corre prisa y todo sale a maravilla.

Luego derribarnos dos tabiques y pusimos puertas donde antes no las había. No es tan fácil poner una puerta como pudiera parecer. Asimismo el motor eléctrico no funciona y hay que repasarlo. Primero se desmonta y se limpian y examinan todas las piezas fijándose bien en el puesto que ocupa cada una. Para reforzar el motor adquirí un equipo nuevo de molino de viento. Leídas y meditadas despacio las instrucciones, impresas en un folleto, pongo manos a la obra e instalo debidamente los dos motores, el del suelo y el que va sobre la torre.

Acto seguido instalo los alambres eléctricos, que son muy engorrosos porque unos van a las pilas, otros a los motores y otros a las luces, y en todos ellos hay que seguir las reglas de los polos positivo y negativo. Nunca creí que pudiera yo hacer eso. Sin embargo tuve que hacerlo y todo salió bien. ¡Las reservas latentes dentro de cada uno son insospechadas!

Un día se me rompió el muelle de la máquina de escribir. Al examinar el interior de la máquina se desprendieron los cuarenta y dos muelles diminutos de las claves. La adquisición de un muelle nuevo y la reposición de los pequeños, más el arreglo completo de todo el artefacto fue una obra de romanos para un inexperto como yo; pero llegó un día en que la máquina volvió a funcionar en toda regla. He tenido que arreglar el calentador de petróleo, la cocinilla de keroseno y hasta el acordeón.

En esta edad de las máquinas hay que conocer las entrañas de cada máquina como el cirujano conoce los tejidos del cuerpo humano. En las ciudades o en las casas religiosas donde hay Hermanos Coadjutores es facilísimo mandar a arreglar los objetos estropeados. Aquí en las lomas del Polo Norte tiene uno que hacerlo todo, so pena de sucumbir y perecer. Cuando se dice todo, se entiende todo, desde guisar hasta instalar la luz eléctrica.

Al otro lado de la laguna de Kotzebue hay unas colinas repletas de endrinas sin pepitas que maduran en agosto. Yo cargué con la mochila como cualquier eskimal y en pocos días reuní endrinas suficientes para llenar una docena de jarros de mermelada, más veinticinco botellas de jugo muy dulce, como mosto, que sabe a gloria bebido a cualquier hora del día o de la noche.

Aquí la vida es un forcejeo continuo. En vez de esperarlo todo del Padre Procurador, hay que vivir de la tierra con una autarquía que jamás sobrepujarán los economistas modernos de Europa.

Creo haber respondido suficientemente a las preguntas de cómo me las arreglo para vivir solo en estas costas del mar glacial. Si he descendido a detalles minúsculos y muy personales ha sido con el fin de que los aspirantes a Misiones de infieles mediten, ponderen y saquen la consecuencia.

Aquí hay que luchar cuerpo a cuerpo con la vida. Al mismo tiempo hay que conservar y cultivar el buen humor y no perder nunca de vista que es uno Misionero, embajador de Jesucristo en la región que le ha sido asignada.

Al terminar con la brocha o la garlopa se lava uno bien y se toca la campana porque ya es hora de instruir a los catecúmenos en las finezas de amor a Jesucristo que quiso quedarse sacramentado con nosotros para los fines que explican por extenso los tratados de Teología y que el Misionero debe manejar mejor aún que la brocha y la garlopa.

¿COMO HONRAR A MARIA?

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455.- ¿Es posible que el culto a María entorpezca el culto de DIOS y lo ponga en segundo término? ¿Hay en el mundo una obra maestra cuya magnífica hermosura haga menguar la admiración que sentimos por el artista? El maestro es siempre más grande que su obra, y nosotros sabemos que lo que hay de hermosura, encanto y virtud en María, espejo purísimo de la Divinidad, se debe a su Maestro, al DIOS infinito. Engrandece mi alma al Señor, se alegra mi espíritu en DIOS mi Salvador... Jesús y su Santa Madre vivieron unidos con parentesco de sangre y parentesco de alma llena de Gracia. ¿Y ahora es lícito que la religión de Cristo afloje y rompa estas relaciones íntimas?

456.- Nosotros buscamos solamente a Cristo, dicen los tuertos. También nosotros Le buscamos a Él. ¿Pero es culpa nuestra si, al buscar a Cristo, encontramos siempre a su lado también a María? Ella está junto al pesebre, delante de los Magos del Oriente, en la Huida a Egipto, en la casita de Nazaret, en el Calvario al pie de la Cruz, en la sepultura de Jesús, en la Ascensión, en Pentecostés. Jesús y María se pertenecen: el que haya a Cristo, haya también a María, y los que cesan de honrar a María, dejan también, como lo vemos en la Historia, de inclinar sus rodillas ante Cristo y terminan por mutilarle, desfigurarle, quedándose con un Cristo incompleto.

457.- No hay familia sin madre. Nos lo enseña la Historia: las madres de los hombres eximios siempre fueron recordadas con respeto. ¿Deberemos explicar aún más con qué títulos honramos nosotros a la Madre del Hombre-DIOS, a María? Podemos ver una influencia enorme de las madres en todos los grandes Santos, Sacerdotes: Santa Mónica, la madre de San Juan Bosco...Nunca se opondrá la figura de la Virgen en el camino a Jesús, sino al contrario, es la mejor ayuda; como se opuso en el camino de Jesús hacia los hombres cuando vino a la tierra. ¿Dónde hay un buen hijo que no quiera que se honre a su Madre? ¿Dónde hay un hijo que considera ofensa el que se respete a su madre? Todo lo contrario; yo no entraría gustoso en una casa donde no dejasen entrar a mi madre. No puede tener a DIOS Padre quien no tiene a la Iglesia por Madre, creo que dijo San Cipriano; y siglos después, creo que San Alfonso María dijo que no puede tener a DIOS por Padre quien no tenga a la Virgen por Madre; y desde luego, no pueden querer bien a Jesús, si no quieren a su Madre; porque Jesús la quiere, mucho más que nosotros a las muestras de sangre.

458.- “Entre las ceremonias de la coronación hay en Hungría una interesantísima y de profundo significado. Cuando el Primado corona al Rey, en la antiquísima iglesia de San Matías y coloca en sus sienes la corona de San Esteban, roza un momento con la santa corona también el hombro de la reina. Y nadie se sorprende por ello, a nadie le parece que por ello se mengüe la autoridad del rey, sino al contrario. La grandeza de la autoridad real ilumina a todos los que le rodean. ¿No es natural que María tenga su puesto junto a Jesús? María no es DIOS, no es Cristo, pero está muy cerca de El, como Hija predilecta, como Madre queridísima y como Esposa Inmaculada del Espíritu Santo, y esta cercanía inspira nuestros homenajes.

459.- Y si alguno afirma, a pesar de todo lo dicho, que el culto mariano nos distrae de la adoración de Cristo, yo le suplico a que se detenga una vez siquiera con espíritu observador, en Florencia de Italia, ante una de las más hermosas imágenes de María, ante el cuadro sin par de la Madonna della Sedia, de Rafael, y examine el rostro transfigurado de la Virgen, al bajar la mirada; se ve que no mira al exterior del Niño, sino que se abisma de lleno en la contemplación del Párvulo divino. El rostro de María en este cuadro es una de las bellezas más sublimes que haya producido jamás el arte humano. Y con todo, mientras miramos a María, de repente notamos que su mirada, embebida en una visión admirable, conduce imperceptiblemente nuestras almas al objeto de la visión, al misterio del Niño Divino. Hay otros cuadros maravillosos en que Jesús en brazos de la Virgen, Ella con su mano apunta al corazón de Jesús; y Jesús, con una mano muestra el suyo, pero con la otra muestra a la Virgen: La Virgen nos dice que hay que ir a Jesús; y Jesús confirma que si, que hay que ir a El, pero por Ella.

460.- Por tanto a la cuestión propuesta de si el culto a la Virgen sirve de obstáculo al culto de Cristo, la respuesta no puede ser sino esta: todo lo contrario. Cuantas veces honramos a la Virgen, honramos a Cristo; Ella no se queda con nada; todo lo presenta a Jesús, mejor que nosotros, porque Le conoce mejor. Nos inclinamos ante María, porque Cristo, el Hijo de DIOS, fue también hijo suyo. Nosotros amamos y honramos a la Virgen María, le presentamos nuestros homenajes y alabanzas. Pero ¿quién ignora que la piedra fundamental, el centro y el fin último, el alfa y omega de toda nuestra religiosidad es su Santo Hijo, Cristo Jesús? El que mire a María siente que su vista reposa en Cristo; el que se dirige a María, sube hasta Cristo. NO adoramos a María, no adoramos más que a DIOS; a Ella le suplicamos, sí, y seguiremos suplicándole también en adelante, con amor cálido y filial, que ruegue por nosotros: Santa MARÍA Madre de DIOS, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Annus Sacerdotalis

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19.- El Año Paulino que está por concluir orienta nuestro pensamiento también hacia el Apóstol de los gentiles, en quien podemos ver un espléndido modelo sacerdotal, totalmente «entregado» a su ministerio. «Nos apremia el amor de Cristo –escribía–, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron» (2 Co 5, 14). Y añadía: «Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos» (2 Co 5, 15). ¿Qué mejor programa se podría proponer a un sacerdote que quiera avanzar en el camino de la perfección cristiana?

20.- Queridos sacerdotes, la celebración del 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney (1859) viene inmediatamente después de las celebraciones apenas concluidas del 150 aniversario de las apariciones de Lourdes (1858). Ya en 1959, el Beato Papa Juan XXIII había hecho notar: «Poco antes de que el Cura de Ars terminase su carrera tan llena de méritos, la Virgen Inmaculada se había aparecido en otra región de Francia a una joven humilde y pura, para comunicarle un mensaje de oración y de penitencia, cuya inmensa resonancia espiritual es bien conocida desde hace un siglo. En realidad, la vida de este sacerdote cuya memoria celebramos, era anticipadamente una viva ilustración de las grandes verdades sobrenaturales enseñadas a la vidente de Massabielle. Él mismo sentía una devoción vivísima hacia la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen; él, que ya en 1836 había consagrado su parroquia a María concebida sin pecado, y que con tanta fe y alegría había de acoger la definición dogmática de 1854»50. El Santo Cura de Ars recordaba siempre a sus fieles que «Jesucristo, cuando nos dio todo lo que nos podía dar, quiso hacernos herederos de lo más precioso que tenía, es decir de su Santa Madre»51.

21.- Confío este Año Sacerdotal a la Santísima Virgen María, pidiéndole que suscite en cada presbítero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars. Con su ferviente vida de oración y su apasionado amor a Jesús crucificado, Juan María Vianney alimentó su entrega cotidiana sin reservas a Dios y a la Iglesia. Que su ejemplo fomente en los sacerdotes el testimonio de unidad con el Obispo, entre ellos y con los laicos, tan necesario hoy como siempre. A pesar del mal que hay en el mundo, conservan siempre su actualidad las palabras de Cristo a sus discípulos en el Cenáculo: «En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33). La fe en el Maestro divino nos da la fuerza para mirar con confianza el futuro. Queridos sacerdotes, Cristo cuenta con vosotros. A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz.

Angelus - El Papa

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“¡No tengáis miedo a ser santos! Es el mejor servicio que podéis prestar a vuestros hermanos”

Domingo, 1 nov. En la solemnidad de hoy de Todos los Santos, el Santo Padre Benedicto XVI ha recordado -durante su alocución previa al rezo mariano del Ángelus en este primer domingo de noviembre-, que esta fiesta reaviva la esperanza en la vida eterna. Y en este sentido el Pontífice ha evocado, en este Año Sacerdotal, a los sacerdotes santos, es decir, aquellos canonizados y aquellos que conoce el Señor. “Cada uno de nosotros ha enfatizado el Papa- conserva el grato recuerdo de algunos de ellos que nos han ayudado a crecer en la fe y nos han hecho sentir la bondad y la cercanía de Dios”.

El Santo Padre ha recordado sobre este tema, que este año conmemoramos los 14 siglos de la transformación del Pantheon uno de los monumentos romanos más antiguos y célebres- al culto cristiano, dedicado a la Virgen María y a todos los Mártires. De este modo, ha señalado Benedicto XVI, el templo de todas las divinidades paganas se transformaba en la memoria de aquellos que, como dice el libro del Apocalipsis, “son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero” (Ap 7,14).

Tras la celebración de hoy de Todos los Santos, mañana lunes 2 de noviembre, conmemoraremos a los difuntos. Benedicto XVI ha invitado durante su alocución previa al Ángelus, a vivir esta fiesta “según el auténtico espíritu cristiano, es decir, en la luz que proviene del Misterio pascual”. Porque Cristo ha muerto y resucitado, y nos ha abierto el camino a la casa del Padre, el Reino de la vida y de la paz.

“Por lo que mientras visitamos los cementerios ha dicho- recordemos que allí, en las tumbas, reposan los restos mortales de nuestros seres queridos a la espera de la resurrección final. Mientras que sus almas como dice la Escritura, ya están en las manos de Dios. Por lo tanto, el modo más justo y eficaz de honrarlos es rezar por ellos, ofreciendo actos de fe, de esperanza y de caridad”.

Por este motivo el Papa ha solicitado que, en unión al Sacrificio eucarístico, “podamos interceder por su salvación eterna, y experimentar la comunión más profunda, a la espera de encontrarnos juntos, y disfrutar para siempre del Amor que nos ha creado y redimido”.

“No estamos nunca solos”, ha exclamado el Papa, evidenciando que formamos parte de una “compañía” espiritual en la que reina una profunda solidaridad: “el bien de cada uno va en ventaja de todos y, a la inversa, la felicidad común se irradia individualmente. Es un misterio que, de algún modo, podemos ya experimentar en la familia, y en la amistad, especialmente en la comunidad espiritual de la Iglesia”.

Seguidamente el Santo Padre ha dirigido el rezo mariano del Ángelus, recordando después, que han pasado diez años desde la firma de la Declaración Conjunta, entre la Federación Luterana Mundial y la Iglesia católica, sobre la Doctrina de la Justificación. El día de la firma, el Siervo de Dios Juan Pablo II definió la Declaración como “una piedra miliar sobre el difícil camino de la recomposición de la plena unidad entre los cristianos”.

El documento, ratificado el 31 de octubre de 1999 y al que en 2006 se unió el Consejo Metodista Mundial, supuso el consenso entre luteranos y católicos sobre verdades fundamentales de la doctrina de la justificación, “verdades ha dicho el Papa- que nos conducen al corazón mismo del Evangelio y a cuestiones esenciales de nuestra vida”. Es decir, que somos acogidos y redimidos por Dios; que nuestra existencia se inscribe en el horizonte de la gracia y está guiada por un Dios misericordioso que perdona nuestros pecados y nos llama a una nueva vida siguiendo a su Hijo; que vivimos de la gracia de Dios y estamos llamados a responder a su don; y que todo esto nos libera del miedo y nos infunde esperanza y ánimo en un mundo lleno de incertidumbres, inquietudes y sufrimiento”.

Entonces, este aniversario “es una ocasión para recordar la verdad sobre la justificación del hombre, testimoniada juntos, para reunirnos en celebraciones ecuménicas y para profundizar ulteriormente dichas temáticas y otras que son objeto del diálogo ecuménico. Espero de corazón que este importante aniversario, contribuya a hacer progresar el camino hacia la unidad plena y visible de todos los discípulos de Cristo”.

Y tras este mensaje de unidad, el Papa ha saludado en varios idiomas a todos los fieles presentes en la plaza de San Pedro del Vaticano, dirigiéndose en particular a los participantes en la segunda edición de la “Carrera de los Santos” organizada hoy por la congregación salesiana por las calles de Roma.

Les dejamos a continuación con el saludo que Benedicto XVI ha dirigido a los peregrinos de lengua española: “Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. En la solemnidad de Todos los Santos, os invito a contemplar a los mejores hijos de la Iglesia, que nos estimulan con su ejemplo y ayudan con su intercesión a vivir para alabanza de la Trinidad, rechazando lo que es indigno de nuestra condición de cristianos y tendiendo con humildad a la perfección del amor. Sin complejos ni mediocridades, seguid con alegría las huellas de Cristo, haciéndoos conformes a su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. ¡No tengáis miedo a ser santos! Es el mejor servicio que podéis prestar a vuestros hermanos. Muchas gracias”.

01/11/2009
Ángelus: “¡No tengáis miedo a ser santos! Es el mejor servicio que podéis prestar a vuestros hermanos”

25/10/2009
Ángelus: Para que el pueblo africano sea sal y luz en su continente, el Papa les entrega idealmente el Mensaje final de esta II Asamblea Especial.18/10/2009 Ángelus: En la Jornada Mundial de las Misiones, el Papa recuerda a los misioneros que consagran su existencia a llevar el Evangelio por el mundo.
14/10/2009
El Papa invita al diálogo y la tolerancia porque, “en un mundo frenético y cerrado”, el cristiano debe establecer relaciones de paz y de fraternidad.
10/10/2009
Benedicto XVI recibe a los reyes de los belgas y subraya la importancia de la próxima canonización del beato Damián y su ejemplaridad para Bélgica.
07/10/2009
Audiencia general: el Papa recomienda a Cristo como medicina contra el relativismo y espera que, mediante la Iglesia, África reencuentre el camino de la reconciliación, la justicia y la paz.

04/10/2009
Ángelus: el Papa pide solidaridad y apoyo para las víctimas de las catástrofes naturales en Sicilia, el Pacífico, el sureste asiático y expresa su inquietud por la violencia en Guinea.

30/09/2009
El Papa subraya el difícil momento que vive Europa central y oriental tras el totalitarismo ateo y los actuales efectos nocivos del secularismo y consumismo occidental.

EXPERIENCIAS # 407

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N A V I D A D







1. ALEJANDRO SOLZENITSYN, ruso, premio Nobel en literatura, publicó esta oración el periódico ruso el Pensamiento, del 24.9.70: “Señor, qué feliz me siento viviendo contigo! ¡Qué fácil me resulta creer en Ti. Cuando mi espíritu vacila y ya no comprende, cuando los hombres más inteligentes sólo ven el día que viven y no saben qué harán mañana, TU me das las espléndida certeza de tu existencia y de tu preocupación para que las puertas del bien no se cierren. Al llegar a la cumbre de la gloria terrena, medito con espanto sobre el camino recorrido: un camino que ha conducido desde un vacío de esperanza hasta este lugar donde puedo trasmitir a los hombres el reflejo de tus rayos. Sigue dejándome reflejarlos en la medida e intensidad que sea necesario; cuando me falte el tiempo, encarga TU mismo a otros que lo hagan” Hasta aquí, este hombre perseguido por su Fe.


2. DICIEMBRE. Quizá sea unos de los meses en que más alegría se derrocha. Alegría profunda y sana para aquellos que se acercan al Pesebre y hacen suyo el misterio; y alegría pasajera y vana para aquellos que han paganizado estas fiestas grandes, entregándose a cosas que no tienen nombre.

3. DICIEMBRE encierra dos misterios profundos: una CONCEPCION INMACULADA, y la realidad de DIOS-NIÑO en un Pesebre. Virginidad y Maternidad son dos joyas de toda mujer, maravillosas. Y es lo que más cautiva el corazón del Hombre que le lleva a sacrificios heroicos, si sabe amar. DIOS ha querido unir con una sencillez misteriosa, las dos gracias en una sola MUJER: MARIA, la Mujer Fuerte. La Mujer única, que siendo mujer, libre y responsable, se esfuerza en hacerse pequeña, quizá intuyendo que ahí está la grandeza, consciente de que ese es su puesto. Se hace esclava. En aquella época los esclavos no tenían derecho a nada. DIOS, no queda indiferente ante tanta sencillez, y como no se deja ganar en generosidad, ante un corazón tan vacío de si, se ve forzado a llenarlo de SU amor y encumbrarla hasta la realeza total. Y MARIA, en su sencillez, no duda en decirse la alabanza más grande que labios humanos jamás podrán pronunciar: “me llamarán bienaventurada todas las generaciones”. ¿Por qué, le preguntamos? Porque el Poderoso ha hecho en mí cosas grandes”. Es la mujer a la que el Diablo nunca pudo vencer.

4. NUESTRAS JOVENCITAS de hoy quieren todo lo contrario: sobresalir, figurar, triunfar....y esto, sin importarles a qué precio. Y las consecuencias no se hacen esperar; se produce todo lo contrario: por querer ser reinas, se hacen esclavas de las pasiones más vergonzosas, y quedan desechas, manchadas, inútiles, vacías; no quieren sujetarse al suave yugo de JESUS y se encadenan a la tiranía de la lujuria, egoísmo y materia; y tras la muerte, el Infierno, si no se arrepienten. Y en el corazón de los Hombres-Hombres un grito angustioso: ¿no quedará alguna mujer sana, limpia, pura? Me lo decía hace unos días un alumno del colegio Ricardo Bentín. Y le dije que sí, pero que no las buscara ni en las playas, ni en las fiestas, ni bajo esos disfraces de modas cada día más indecentes y paganas. Le dije que las buscara en la vida de familia y trabajo, en la sencillez y sacrificio, en las jóvenes temerosas de DIOS. Y le dije también que, para poderla respetar hasta el Altar, estuviera cerca de DIOS, se confesara con frecuencia e hiciera mucha oración y penitencia.

5. NAVIDAD ES DIOS CON NOSOTROS. Histórica, en Belén. Actual, en cada Sacramento. Eterna, en el Cielo. Me preguntaba una chica de 5º año de secundaria en Micaela Bastidas: Padre, sin rodeos, deme una prueba de la existencia de DIOS. Si hay algo, es porque hay Alguien. JESUCRISTO le dije. Perfecto DIOS y perfecto HOMBRE. Que naciendo de una Virgen, como el rayo de sol atraviesa un cristal sin romperlo ni mancharlo, condena nuestra lujuria; que naciendo en la pobreza de un pesebre, condena nuestro afán de poseer riquezas materiales; y que haciéndose obediente al Padre de los Cielos y autoridades humanas, condena nuestra soberbia. No valen las interpretaciones falsas y tontas de personas ignorantes o malas para negar la Divinidad. Ahí tenemos la Historia, la Iglesia Católica, que bajo un Papa y con los 7 Sacramentos nos sigue presentando la verdad íntegra, anunciada y vivida por JESUS. Desde el Pesebre a la Cruz, las cosas de DIOS, siguen siendo locura y necedad para los mundanos, pero salvación para los que creen.

6. MIRA A JESUS. Es DIOS. Está en el pesebre, en el taller, en la vida de una familia, en la vida de un pueblo; en medio de multitudes, en oración solitaria noches enteras; andando sobre el mar, llorando ante Jerusalén; cansado junto al pozo, curando enfermos, resucitando muertos, enseñando a ricos y pobres; jugando con los niños, lavando los pies a quien le traiciona, dándose en alimento en la Eucaristía, destrozado en la Cruz, prometiendo el Reino ese mismo día a un ladrón; resucitando ante el espanto de los soldados romanos, apareciéndose a muchos sin usar puertas ni ventanas; palpado por Santo Tomás, comiendo; subiendo al Cielo; enviando al Espíritu Santo, controlando a SU Iglesia en el Papa y los Obispos; con la promesa de venir al final de la Historia. ¿Te has imaginado tu encuentro con EL? Te interesa hacerlo ahora con el arrepentimiento y confesión. Sólo cuando te rindas y humilles, serás elevado a DIOS.

7. 25 DE DICIEMBRE para los paganos antiguos: fiesta del sol, solsticio de invierno. Para los cristianos de siempre: recuerdo del nacimiento histórico en Belén y nacimiento real en mí por la Gracia, al confesar los pecados; y promesa de la última venida para juzgarnos. El hombre es elevado a la Familia de DIOS. Somos hechos hijos de DIOS, y, por tanto, herederos del CIELO. Por eso, tantos regalos, felicitaciones, y tanta alegría. No lo estropeemos en la noche del 31.

EN LAS LOMAS DEL POLO NORTE

domingo, 27 de diciembre de 2009
POR SEGUNDO LLORENTE, S.J.

(continuación)

ECONOMIA DOMESTICA

En una carta que me escribe la reverendísima Madre Superiora de un convento guipuzcoano, me pregunta quién me lava y me plancha los purificadores, los amitos, las albas; quién me hace las hostias; quién me amasa los molletes de pan, en caso de que haya pan en Alaska; quién me remienda los calcetines, y así por el estilo muchas otras preguntas caseras indicadoras de su espíritu maternal, caritativo, previsor y femenino.

Estas mismas preguntas me atormentaban a mí hace tres años, cuando el aeroplano me traía por las nubes, camino de Kotzebue. Ni un Hermano Coadjutor, ni una terma de monjas misioneras, ni un sacerdote al lado en estas pampas nevadas del Círculo Polar. ¿Cómo me las voy a arreglar yo solo; yo, que no tengo en mi haber más que inexperiencia en todas las esferas de la vida práctica?

Pero no tardé mucho en hallar la respuesta. La necesidad es la madre de la invención. El entendimiento apretado discurre que rabia. Y, finalmente, ¿quién no recuerda el arpa arrinconada de Bécquer, repleta de notas dormidas en sus cuerdas, esperando la mano de nieve que viniera a arrancarlas?

Mis manos gordezuelas, con un si es no es de toscas, distan mucho de ser de nieve; pero, sean como fueren, lo cierto es que han sabido arrancar todas las notas necesarias para armonizar con ritmo tolerable la vida monótona que le espera a todo blanco que viene a vivir en Alaska.

Una mestiza, que no ha cumplido los veinte años, tiene una plancha modelo que maneja con destreza inusitada. Me deja los purificadores, las albas y los amitos blancos y tiesos como si fueran nuevos. Las hostias me las mandan todos los meses frescas y tiernas las monjas Ursulinas de Pilgrim Springs, unos ciento cincuenta kilómetros al sur de Kotzebue.

Lo del pan es aún más fácil. La esposa yanki de un minero también yanki tiene el don de amasar el mejor pan que he comido desde que salí de España. Vive en Kotzebue, a doscientos pasos de mi casa.

Al poco de llegar yo aquí, hicimos el siguiente convenio: yo compro dos sacos de harina y los llevo a su casa; uno es para ellos y el otro para mí. Cuando mi saco se termina, vuelvo a comprar dos sacos, y así sucesivamente. Yo no me preocupo de más.

Todos los lunes me trae dos molletes grandes que me duran toda la semana. Los yankis, a mi juicio, no comen una tercera parte del pan que comemos los españoles. La razón es muy sencilla: no saben .amasar como se amasa en España. El pan yanki no tiene corteza. Todo es molledo; y un molledo blanducho que al mascarlo se hace pasta.

Aquellos rescaños dorados y aquella corteza del pan español, que se quiebra entre los dientes como si fueran almendras, no los he vuelto a ver, ni espero volver a verlos. Mi panadera de Kotzebue saca una corteza muy rica y todo el pan es muy sabroso y alimenticio.

En cuanto a remendar calcetines y otras prendas de vestir, yo mismo podía hacerlo si quisiera ; pero se lo dejo a una semitullida eskimal que maneja la aguja con verdadero primor y que necesita algunos cuartos para vivir.

Esa es la vieja que me hizo un abrigo de pieles por todo lo alto y unas botas de piel por todo lo bajo. Luego la pago con café, azúcar, arroz, medias y alguna ropa interior de que yo estoy bien provisto merced a una organización de señoras yankis, que me mandan todos los años un cajón repleto de vestimenta de todos los usos, tamaños y colores.

Hay otra cristiana, mestiza, vecina mía, que me lava la ropa cada vez que lleno de ropa sucia un saco destinado al efecto. La ropa vuelve muy bien dobladita sin que falten botones ni se observen acá y allá cuchilladas ni descosidos. Es decir, que me trato a cuerpo de rey.

Nada más levantarme procuro hacer la cama, pues he visto por experiencia que, si no la hago entonces, no la hago en todo el día, y es muy desagradable encontrarse con la cama revuelta al free a acostar. Inmediatamente enciendo la estufa y me afeito. Luego barro el piso. En esto hay que ser inexorable y no dejar que pasen dos días seguidos sin hacer la cama, sin afeitarse ni barrer, pues dos días son muchos días y los hábitos repetidos forman pronto una segunda naturaleza.

Después de Misa preparo el desayuno, que es o puede ser variadisimo. Si no lo preparo entonces, no lo preparo nunca, y a eso de las doce tengo un hambre que no veo. Para salir del paso corto una rebanada de pan, que unto con mantequilla. Pero mientras lo como a deshora hago votos y promesas de no volver a dejar pasar la hora del desayuno sin un desayuno en toda regla.

Al día siguiente las promesas se las lleva el viento y vuelven a dar las doce sin desayuno. ¡Siempre hay algo que hacer!

Ultimamente he logrado ser persona formal y no hay día que no prepare el desayuno en toda regla, inmediatamente después de la acción de gracias que sigue a la Misa. Con un desayuno fuerte y con los dientes lavados y acepillados queda uno como nuevo y dispuesto a empezar el día con toda seriedad.

Por la noche preparo una cena nutritiva y abundante. El menú no puede ser más variado. En el invierno, carne de reno y tres variedades de peces que sólo entonces se pescan. En julio y agosto, salmones y truchas. En septiembre, gansos y patos silvestres sumamente grasientos y gordos. Por las Navidades, tármigans o aves norteñas. Y durante todo el año no me faltan patatas, cebollas, arroz, fideos y café.

Durante los guisos entretengo el tiempo con algún libro o revista. Son innumerables los trucos que he aprendido en la cocina. Si miro al puchero esperando que hierva, no hierve jamás; en cambio, si tomo un libro, comienza a hervir antes de terminar la primera página.

Si estoy de pie junto al puchero con el libro en las manos, nunca hierve tanto que se derrame el caldo, porque estoy a mano y puedo levantar la tapadera; pero si me siento en una silla a varios pasos del puchero, entonces hierve en seguida y a borbotones y se me derrama el caldo. Cuándo me levanto para quitar la tapadera, llego tarde.

A veces hago el disparate de ponerme a leer cartas mientras hierve el puchero, aunque sé y me consta que aquella vez me quedo sin caldo. Y dígase otro tanto del chocolate, de una tortilla o de cualquier otro condumio.

Cuando llega la hora de preparar la comida no se puede hacer otra cosa, so pena de estropear el cocido. Hay que dejar el libro, la revista de Misiones, las cartas, la máquina de escribir y todo lo demás que le llama constantemente a uno con unas voces estentóreas.

Comer a solas tiene también sus intríngulis. Tararear no se puede; silbar, tampoco; queda el leer, pero eso tiene sus inconvenientes. Si se lee algo interesante, se olvida uno del plato, y la comida se enfría.

Si se lee algo serio, la sangre tiene que acudir a la vez al estómago y al cerebro y el resultado es una mala digestión. Si se lee un periódico que ataca lo que uno considera poco menos que sagrado, la ira se sale de madre y termina uno la cena de mal humor.

Al cabo de mil fracasos en este particular he dado con un procedimiento que resulta bien: sujeto entre dos jícaras y un vaso, pongo el Kempis abierto al azar.

Si me canso de pensar y distraerme mientras como, leo unos cuantos versículos. Si me canso de tanto Kempis, como pacíficamente y sin disturbios psicofisiológicos.

Terminada la comida o la cena, hay que fregar los platos con agua hirviendo. Mi predecesor -- según me han dicho solía amontonar todos los platos y demás servicios durante la semana, y los sábados llamaba a un par de chicas que se los lavasen todos de una vez.

Yo no he descendido todavía a ese nivel. Con un tesón que a mí mismo me admira, friego todos los días los platos y los coloco limpios en su lugar.

Me contó un Misionero, solitario como yo, que él al principio daba una importancia suma a la cocina, hasta el punto de que no osaba sentarse a la mesa hasta qua veía que no faltaba nada, incluso la servilleta.

Poco a poco fue acortando en los platos y platillos, hasta que un día llegó a la sartén escueta. Es decir: guisaba algo en la sartén, y lo comía en la misma sartén. Así esquivaba el lavatorio que tanto llegó a aborrecer.

Pero resultó que tanta simplicidad no se avino bien con su estómago, que se vio atacado de úlceras muy difíciles de curar aquí.

Aquello me dijo a mí que una de dos: o lavar los platos todos los días, o úlceras en el estómago. Opté por los platos.

Nunca falta alguna novedad o sorpresa. Recuerdo perfectamente el día que me llegó la música del himno «Cara al Sol». Ya le había puesto yo una música mía muy marcial; mas cuando me llegó la música genuina me apresuré a llamar al organista, un eskimal muy hábil, cojo, grotescamente bizco, chaparrejo y muy charlatán. Primero tocó la pieza un par de veces, luego la canturreó hasta que yo la cogí. Ya en la cocina y formado militarmente, canté el «Cara al Sol”.

Entonces se me antojó que yo en las lomas del Polo Norte era una hoja prendida al árbol de la patria por algo misterioso, imposible de aquilatar en concreto. De todo el himno lo que más me electrizó fue la cadencia del “Volverán banderas victoriosas al paso alegre de la paz».

Desde entonces es tanto lo que he canturreado por casa el himno, que la rapacería se ha cogido la música, aunque no las palabras. Cuando yo lo canto medio distraído y la rapacería me acompaña a su modo, el conjunto es algo soberanamente sublime. Las dos señoritas de San Sebastián, que me lo mandaron, me piden ahora la música que yo le había puesto al himno. No puedo complacerlas por aquello de que nadie está obligado a lo imposible.

La llegada del correo es siempre bien venida. Poco a poco he ido redondeando mis conocimientos sobre la vida de los presos en las cárceles rojas. Las «FLORES DE HEROÍSMO», del P. Alonso, a quien conocí en Granada, me pusieron al tanto de los acontecimientos en Málaga. Allí pude ver asesinatos al por mayor, preferentemente el asesinato de los oficiales de Marina. Entonces me empecé a familiarizar con las palabras “saca” y “paseito”.

“LA EPOPEYA DEL ALCÁZAR DE TOLEDO”, escrita por el P. Risco, me llevó de la mano desde el mismísimo 18 de julio hasta la entrada de las tropas libertadoras. Varias veces en la lectura del libro estuve a punto de vengarme en alguna silla o puchero, pero me contuve y lo leí todo sin más novedad. Llorar de rabia y entusiasmo no es novedad alguna debajo del sol.

Los libros del P. Herrera y del señor Jalón me informaron de la vida en el “Quilates”, el “Altuna” y las cárceles cantábricas.

La odisea del P. Santos Fernández, escrita por el señor González Hoyos en su libro “Esto pasó en Asturias”, me puso al tanto de los acontecimientos en las cuencas mineras asturianas.

De Madrid estoy enteradísimo. El “Duende de la Colegiata” describe con mano maestra la táctica del terror rojo en toda la zona dominada por la hoz y el martillo, particularmente en Madrid.

El libro de don Teodoro Cuesta, “DE LA MUERTE A LA VIDA”, me descorrió el velo que ocultaba lo que ocurría en las checas madrileñas y la vida que se vivía en las embajadas.

Los azares de las monjas están descritos con mano maestra por la “PRISIONERA DEL SOVIET” y por las relaciones impresas por las Esclavas del Sagrado Corazón.

De Levante no me llegó nada en prosa, pero sí en los versos primorosos de mi compañero de Colegio el P. Eusebio Rey, prisionero en Gandía y otras poblaciones. Finalmente no ha faltado algún poema de Pemán para poner los últimos retoques y acabar de enardecerme en estas tundras nevadas del Círculo Polar Artico. A esto han ayudado no poco algunas monografías magnificas, como las de Adro Javier en su «LAUREADA DE SANGRE».

Pero la vida es un tejido de ocupaciones a veces las más heterogéneas. Después de terminar un libro sobre la guerra española, me doy cuenta de que ya llegó el barco de los EE. UU. con el material que yo había encargado. ¡Llegó la madera!

Con la ayuda de un eskimal muy hábil puse un segundo piso o suelo sobre el que ya tenía la casa, pero sólo a dos pulgadas uno del otro. Ese vano entre los dos suelos contribuye notablemente a calentar la casa durante el invierno. Hay, pues, que hacer de carpintero y hay que hacerlo bien so pena de echarlo todo a perder. Afortunadamente no nos corre prisa y todo sale a maravilla.

Luego derribarnos dos tabiques y pusimos puertas donde antes no las había. No es tan fácil poner una puerta como pudiera parecer. Asimismo el motor eléctrico no funciona y hay que repasarlo. Primero se desmonta y se limpian y examinan todas las piezas fijándose bien en el puesto que ocupa cada una. Para reforzar el motor adquirí un equipo nuevo de molino de viento. Leídas y meditadas despacio las instrucciones, impresas en un folleto, pongo manos a la obra e instalo debidamente los dos motores, el del suelo y el que va sobre la torre.

Acto seguido instalo los alambres eléctricos, que son muy engorrosos porque unos van a las pilas, otros a los motores y otros a las luces, y en todos ellos hay que seguir las reglas de los polos positivo y negativo. Nunca creí que pudiera yo hacer eso. Sin embargo tuve que hacerlo y todo salió bien. ¡Las reservas latentes dentro de cada uno son insospechadas!

Un día se me rompió el muelle de la máquina de escribir. Al examinar el interior de la máquina se desprendieron los cuarenta y dos muelles diminutos de las claves. La adquisición de un muelle nuevo y la reposición de los pequeños, más el arreglo completo de todo el artefacto fue una obra de romanos para un inexperto como yo; pero llegó un día en que la máquina volvió a funcionar en toda regla. He tenido que arreglar el calentador de petróleo, la cocinilla de keroseno y hasta el acordeón.

En esta edad de las máquinas hay que conocer las entrañas de cada máquina como el cirujano conoce los tejidos del cuerpo humano. En las ciudades o en las casas religiosas donde hay Hermanos Coadjutores es facilísimo mandar a arreglar los objetos estropeados. Aquí en las lomas del Polo Norte tiene uno que hacerlo todo, so pena de sucumbir y perecer. Cuando se dice todo, se entiende todo, desde guisar hasta instalar la luz eléctrica.

Al otro lado de la laguna de Kotzebue hay unas colinas repletas de endrinas sin pepitas que maduran en agosto. Yo cargué con la mochila como cualquier eskimal y en pocos días reuní endrinas suficientes para llenar una docena de jarros de mermelada, más veinticinco botellas de jugo muy dulce, como mosto, que sabe a gloria bebido a cualquier hora del día o de la noche.

Aquí la vida es un forcejeo continuo. En vez de esperarlo todo del Padre Procurador, hay que vivir de la tierra con una autarquía que jamás sobrepujarán los economistas modernos de Europa.

Creo haber respondido suficientemente a las preguntas de cómo me las arreglo para vivir solo en estas costas del mar glacial. Si he descendido a detalles minúsculos y muy personales ha sido con el fin de que los aspirantes a Misiones de infieles mediten, ponderen y saquen la consecuencia.

Aquí hay que luchar cuerpo a cuerpo con la vida. Al mismo tiempo hay que conservar y cultivar el buen humor y no perder nunca de vista que es uno Misionero, embajador de Jesucristo en la región que le ha sido asignada.

Al terminar con la brocha o la garlopa se lava uno bien y se toca la campana porque ya es hora de instruir a los catecúmenos en las finezas de amor a Jesucristo que quiso quedarse sacramentado con nosotros para los fines que explican por extenso los tratados de Teología y que el Misionero debe manejar mejor aún que la brocha y la garlopa.

¿COMO HONRAR A MARIA?

martes, 22 de diciembre de 2009
455.- ¿Es posible que el culto a María entorpezca el culto de DIOS y lo ponga en segundo término? ¿Hay en el mundo una obra maestra cuya magnífica hermosura haga menguar la admiración que sentimos por el artista? El maestro es siempre más grande que su obra, y nosotros sabemos que lo que hay de hermosura, encanto y virtud en María, espejo purísimo de la Divinidad, se debe a su Maestro, al DIOS infinito. Engrandece mi alma al Señor, se alegra mi espíritu en DIOS mi Salvador... Jesús y su Santa Madre vivieron unidos con parentesco de sangre y parentesco de alma llena de Gracia. ¿Y ahora es lícito que la religión de Cristo afloje y rompa estas relaciones íntimas?

456.- Nosotros buscamos solamente a Cristo, dicen los tuertos. También nosotros Le buscamos a Él. ¿Pero es culpa nuestra si, al buscar a Cristo, encontramos siempre a su lado también a María? Ella está junto al pesebre, delante de los Magos del Oriente, en la Huida a Egipto, en la casita de Nazaret, en el Calvario al pie de la Cruz, en la sepultura de Jesús, en la Ascensión, en Pentecostés. Jesús y María se pertenecen: el que haya a Cristo, haya también a María, y los que cesan de honrar a María, dejan también, como lo vemos en la Historia, de inclinar sus rodillas ante Cristo y terminan por mutilarle, desfigurarle, quedándose con un Cristo incompleto.

457.- No hay familia sin madre. Nos lo enseña la Historia: las madres de los hombres eximios siempre fueron recordadas con respeto. ¿Deberemos explicar aún más con qué títulos honramos nosotros a la Madre del Hombre-DIOS, a María? Podemos ver una influencia enorme de las madres en todos los grandes Santos, Sacerdotes: Santa Mónica, la madre de San Juan Bosco...Nunca se opondrá la figura de la Virgen en el camino a Jesús, sino al contrario, es la mejor ayuda; como se opuso en el camino de Jesús hacia los hombres cuando vino a la tierra. ¿Dónde hay un buen hijo que no quiera que se honre a su Madre? ¿Dónde hay un hijo que considera ofensa el que se respete a su madre? Todo lo contrario; yo no entraría gustoso en una casa donde no dejasen entrar a mi madre. No puede tener a DIOS Padre quien no tiene a la Iglesia por Madre, creo que dijo San Cipriano; y siglos después, creo que San Alfonso María dijo que no puede tener a DIOS por Padre quien no tenga a la Virgen por Madre; y desde luego, no pueden querer bien a Jesús, si no quieren a su Madre; porque Jesús la quiere, mucho más que nosotros a las muestras de sangre.

458.- “Entre las ceremonias de la coronación hay en Hungría una interesantísima y de profundo significado. Cuando el Primado corona al Rey, en la antiquísima iglesia de San Matías y coloca en sus sienes la corona de San Esteban, roza un momento con la santa corona también el hombro de la reina. Y nadie se sorprende por ello, a nadie le parece que por ello se mengüe la autoridad del rey, sino al contrario. La grandeza de la autoridad real ilumina a todos los que le rodean. ¿No es natural que María tenga su puesto junto a Jesús? María no es DIOS, no es Cristo, pero está muy cerca de El, como Hija predilecta, como Madre queridísima y como Esposa Inmaculada del Espíritu Santo, y esta cercanía inspira nuestros homenajes.

459.- Y si alguno afirma, a pesar de todo lo dicho, que el culto mariano nos distrae de la adoración de Cristo, yo le suplico a que se detenga una vez siquiera con espíritu observador, en Florencia de Italia, ante una de las más hermosas imágenes de María, ante el cuadro sin par de la Madonna della Sedia, de Rafael, y examine el rostro transfigurado de la Virgen, al bajar la mirada; se ve que no mira al exterior del Niño, sino que se abisma de lleno en la contemplación del Párvulo divino. El rostro de María en este cuadro es una de las bellezas más sublimes que haya producido jamás el arte humano. Y con todo, mientras miramos a María, de repente notamos que su mirada, embebida en una visión admirable, conduce imperceptiblemente nuestras almas al objeto de la visión, al misterio del Niño Divino. Hay otros cuadros maravillosos en que Jesús en brazos de la Virgen, Ella con su mano apunta al corazón de Jesús; y Jesús, con una mano muestra el suyo, pero con la otra muestra a la Virgen: La Virgen nos dice que hay que ir a Jesús; y Jesús confirma que si, que hay que ir a El, pero por Ella.

460.- Por tanto a la cuestión propuesta de si el culto a la Virgen sirve de obstáculo al culto de Cristo, la respuesta no puede ser sino esta: todo lo contrario. Cuantas veces honramos a la Virgen, honramos a Cristo; Ella no se queda con nada; todo lo presenta a Jesús, mejor que nosotros, porque Le conoce mejor. Nos inclinamos ante María, porque Cristo, el Hijo de DIOS, fue también hijo suyo. Nosotros amamos y honramos a la Virgen María, le presentamos nuestros homenajes y alabanzas. Pero ¿quién ignora que la piedra fundamental, el centro y el fin último, el alfa y omega de toda nuestra religiosidad es su Santo Hijo, Cristo Jesús? El que mire a María siente que su vista reposa en Cristo; el que se dirige a María, sube hasta Cristo. NO adoramos a María, no adoramos más que a DIOS; a Ella le suplicamos, sí, y seguiremos suplicándole también en adelante, con amor cálido y filial, que ruegue por nosotros: Santa MARÍA Madre de DIOS, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Annus Sacerdotalis

19.- El Año Paulino que está por concluir orienta nuestro pensamiento también hacia el Apóstol de los gentiles, en quien podemos ver un espléndido modelo sacerdotal, totalmente «entregado» a su ministerio. «Nos apremia el amor de Cristo –escribía–, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron» (2 Co 5, 14). Y añadía: «Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos» (2 Co 5, 15). ¿Qué mejor programa se podría proponer a un sacerdote que quiera avanzar en el camino de la perfección cristiana?

20.- Queridos sacerdotes, la celebración del 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney (1859) viene inmediatamente después de las celebraciones apenas concluidas del 150 aniversario de las apariciones de Lourdes (1858). Ya en 1959, el Beato Papa Juan XXIII había hecho notar: «Poco antes de que el Cura de Ars terminase su carrera tan llena de méritos, la Virgen Inmaculada se había aparecido en otra región de Francia a una joven humilde y pura, para comunicarle un mensaje de oración y de penitencia, cuya inmensa resonancia espiritual es bien conocida desde hace un siglo. En realidad, la vida de este sacerdote cuya memoria celebramos, era anticipadamente una viva ilustración de las grandes verdades sobrenaturales enseñadas a la vidente de Massabielle. Él mismo sentía una devoción vivísima hacia la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen; él, que ya en 1836 había consagrado su parroquia a María concebida sin pecado, y que con tanta fe y alegría había de acoger la definición dogmática de 1854»50. El Santo Cura de Ars recordaba siempre a sus fieles que «Jesucristo, cuando nos dio todo lo que nos podía dar, quiso hacernos herederos de lo más precioso que tenía, es decir de su Santa Madre»51.

21.- Confío este Año Sacerdotal a la Santísima Virgen María, pidiéndole que suscite en cada presbítero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars. Con su ferviente vida de oración y su apasionado amor a Jesús crucificado, Juan María Vianney alimentó su entrega cotidiana sin reservas a Dios y a la Iglesia. Que su ejemplo fomente en los sacerdotes el testimonio de unidad con el Obispo, entre ellos y con los laicos, tan necesario hoy como siempre. A pesar del mal que hay en el mundo, conservan siempre su actualidad las palabras de Cristo a sus discípulos en el Cenáculo: «En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33). La fe en el Maestro divino nos da la fuerza para mirar con confianza el futuro. Queridos sacerdotes, Cristo cuenta con vosotros. A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz.

Angelus - El Papa

jueves, 17 de diciembre de 2009
“¡No tengáis miedo a ser santos! Es el mejor servicio que podéis prestar a vuestros hermanos”

Domingo, 1 nov. En la solemnidad de hoy de Todos los Santos, el Santo Padre Benedicto XVI ha recordado -durante su alocución previa al rezo mariano del Ángelus en este primer domingo de noviembre-, que esta fiesta reaviva la esperanza en la vida eterna. Y en este sentido el Pontífice ha evocado, en este Año Sacerdotal, a los sacerdotes santos, es decir, aquellos canonizados y aquellos que conoce el Señor. “Cada uno de nosotros ha enfatizado el Papa- conserva el grato recuerdo de algunos de ellos que nos han ayudado a crecer en la fe y nos han hecho sentir la bondad y la cercanía de Dios”.

El Santo Padre ha recordado sobre este tema, que este año conmemoramos los 14 siglos de la transformación del Pantheon uno de los monumentos romanos más antiguos y célebres- al culto cristiano, dedicado a la Virgen María y a todos los Mártires. De este modo, ha señalado Benedicto XVI, el templo de todas las divinidades paganas se transformaba en la memoria de aquellos que, como dice el libro del Apocalipsis, “son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero” (Ap 7,14).

Tras la celebración de hoy de Todos los Santos, mañana lunes 2 de noviembre, conmemoraremos a los difuntos. Benedicto XVI ha invitado durante su alocución previa al Ángelus, a vivir esta fiesta “según el auténtico espíritu cristiano, es decir, en la luz que proviene del Misterio pascual”. Porque Cristo ha muerto y resucitado, y nos ha abierto el camino a la casa del Padre, el Reino de la vida y de la paz.

“Por lo que mientras visitamos los cementerios ha dicho- recordemos que allí, en las tumbas, reposan los restos mortales de nuestros seres queridos a la espera de la resurrección final. Mientras que sus almas como dice la Escritura, ya están en las manos de Dios. Por lo tanto, el modo más justo y eficaz de honrarlos es rezar por ellos, ofreciendo actos de fe, de esperanza y de caridad”.

Por este motivo el Papa ha solicitado que, en unión al Sacrificio eucarístico, “podamos interceder por su salvación eterna, y experimentar la comunión más profunda, a la espera de encontrarnos juntos, y disfrutar para siempre del Amor que nos ha creado y redimido”.

“No estamos nunca solos”, ha exclamado el Papa, evidenciando que formamos parte de una “compañía” espiritual en la que reina una profunda solidaridad: “el bien de cada uno va en ventaja de todos y, a la inversa, la felicidad común se irradia individualmente. Es un misterio que, de algún modo, podemos ya experimentar en la familia, y en la amistad, especialmente en la comunidad espiritual de la Iglesia”.

Seguidamente el Santo Padre ha dirigido el rezo mariano del Ángelus, recordando después, que han pasado diez años desde la firma de la Declaración Conjunta, entre la Federación Luterana Mundial y la Iglesia católica, sobre la Doctrina de la Justificación. El día de la firma, el Siervo de Dios Juan Pablo II definió la Declaración como “una piedra miliar sobre el difícil camino de la recomposición de la plena unidad entre los cristianos”.

El documento, ratificado el 31 de octubre de 1999 y al que en 2006 se unió el Consejo Metodista Mundial, supuso el consenso entre luteranos y católicos sobre verdades fundamentales de la doctrina de la justificación, “verdades ha dicho el Papa- que nos conducen al corazón mismo del Evangelio y a cuestiones esenciales de nuestra vida”. Es decir, que somos acogidos y redimidos por Dios; que nuestra existencia se inscribe en el horizonte de la gracia y está guiada por un Dios misericordioso que perdona nuestros pecados y nos llama a una nueva vida siguiendo a su Hijo; que vivimos de la gracia de Dios y estamos llamados a responder a su don; y que todo esto nos libera del miedo y nos infunde esperanza y ánimo en un mundo lleno de incertidumbres, inquietudes y sufrimiento”.

Entonces, este aniversario “es una ocasión para recordar la verdad sobre la justificación del hombre, testimoniada juntos, para reunirnos en celebraciones ecuménicas y para profundizar ulteriormente dichas temáticas y otras que son objeto del diálogo ecuménico. Espero de corazón que este importante aniversario, contribuya a hacer progresar el camino hacia la unidad plena y visible de todos los discípulos de Cristo”.

Y tras este mensaje de unidad, el Papa ha saludado en varios idiomas a todos los fieles presentes en la plaza de San Pedro del Vaticano, dirigiéndose en particular a los participantes en la segunda edición de la “Carrera de los Santos” organizada hoy por la congregación salesiana por las calles de Roma.

Les dejamos a continuación con el saludo que Benedicto XVI ha dirigido a los peregrinos de lengua española: “Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. En la solemnidad de Todos los Santos, os invito a contemplar a los mejores hijos de la Iglesia, que nos estimulan con su ejemplo y ayudan con su intercesión a vivir para alabanza de la Trinidad, rechazando lo que es indigno de nuestra condición de cristianos y tendiendo con humildad a la perfección del amor. Sin complejos ni mediocridades, seguid con alegría las huellas de Cristo, haciéndoos conformes a su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. ¡No tengáis miedo a ser santos! Es el mejor servicio que podéis prestar a vuestros hermanos. Muchas gracias”.

01/11/2009
Ángelus: “¡No tengáis miedo a ser santos! Es el mejor servicio que podéis prestar a vuestros hermanos”

25/10/2009
Ángelus: Para que el pueblo africano sea sal y luz en su continente, el Papa les entrega idealmente el Mensaje final de esta II Asamblea Especial.18/10/2009 Ángelus: En la Jornada Mundial de las Misiones, el Papa recuerda a los misioneros que consagran su existencia a llevar el Evangelio por el mundo.
14/10/2009
El Papa invita al diálogo y la tolerancia porque, “en un mundo frenético y cerrado”, el cristiano debe establecer relaciones de paz y de fraternidad.
10/10/2009
Benedicto XVI recibe a los reyes de los belgas y subraya la importancia de la próxima canonización del beato Damián y su ejemplaridad para Bélgica.
07/10/2009
Audiencia general: el Papa recomienda a Cristo como medicina contra el relativismo y espera que, mediante la Iglesia, África reencuentre el camino de la reconciliación, la justicia y la paz.

04/10/2009
Ángelus: el Papa pide solidaridad y apoyo para las víctimas de las catástrofes naturales en Sicilia, el Pacífico, el sureste asiático y expresa su inquietud por la violencia en Guinea.

30/09/2009
El Papa subraya el difícil momento que vive Europa central y oriental tras el totalitarismo ateo y los actuales efectos nocivos del secularismo y consumismo occidental.

EXPERIENCIAS # 407



N A V I D A D







1. ALEJANDRO SOLZENITSYN, ruso, premio Nobel en literatura, publicó esta oración el periódico ruso el Pensamiento, del 24.9.70: “Señor, qué feliz me siento viviendo contigo! ¡Qué fácil me resulta creer en Ti. Cuando mi espíritu vacila y ya no comprende, cuando los hombres más inteligentes sólo ven el día que viven y no saben qué harán mañana, TU me das las espléndida certeza de tu existencia y de tu preocupación para que las puertas del bien no se cierren. Al llegar a la cumbre de la gloria terrena, medito con espanto sobre el camino recorrido: un camino que ha conducido desde un vacío de esperanza hasta este lugar donde puedo trasmitir a los hombres el reflejo de tus rayos. Sigue dejándome reflejarlos en la medida e intensidad que sea necesario; cuando me falte el tiempo, encarga TU mismo a otros que lo hagan” Hasta aquí, este hombre perseguido por su Fe.


2. DICIEMBRE. Quizá sea unos de los meses en que más alegría se derrocha. Alegría profunda y sana para aquellos que se acercan al Pesebre y hacen suyo el misterio; y alegría pasajera y vana para aquellos que han paganizado estas fiestas grandes, entregándose a cosas que no tienen nombre.

3. DICIEMBRE encierra dos misterios profundos: una CONCEPCION INMACULADA, y la realidad de DIOS-NIÑO en un Pesebre. Virginidad y Maternidad son dos joyas de toda mujer, maravillosas. Y es lo que más cautiva el corazón del Hombre que le lleva a sacrificios heroicos, si sabe amar. DIOS ha querido unir con una sencillez misteriosa, las dos gracias en una sola MUJER: MARIA, la Mujer Fuerte. La Mujer única, que siendo mujer, libre y responsable, se esfuerza en hacerse pequeña, quizá intuyendo que ahí está la grandeza, consciente de que ese es su puesto. Se hace esclava. En aquella época los esclavos no tenían derecho a nada. DIOS, no queda indiferente ante tanta sencillez, y como no se deja ganar en generosidad, ante un corazón tan vacío de si, se ve forzado a llenarlo de SU amor y encumbrarla hasta la realeza total. Y MARIA, en su sencillez, no duda en decirse la alabanza más grande que labios humanos jamás podrán pronunciar: “me llamarán bienaventurada todas las generaciones”. ¿Por qué, le preguntamos? Porque el Poderoso ha hecho en mí cosas grandes”. Es la mujer a la que el Diablo nunca pudo vencer.

4. NUESTRAS JOVENCITAS de hoy quieren todo lo contrario: sobresalir, figurar, triunfar....y esto, sin importarles a qué precio. Y las consecuencias no se hacen esperar; se produce todo lo contrario: por querer ser reinas, se hacen esclavas de las pasiones más vergonzosas, y quedan desechas, manchadas, inútiles, vacías; no quieren sujetarse al suave yugo de JESUS y se encadenan a la tiranía de la lujuria, egoísmo y materia; y tras la muerte, el Infierno, si no se arrepienten. Y en el corazón de los Hombres-Hombres un grito angustioso: ¿no quedará alguna mujer sana, limpia, pura? Me lo decía hace unos días un alumno del colegio Ricardo Bentín. Y le dije que sí, pero que no las buscara ni en las playas, ni en las fiestas, ni bajo esos disfraces de modas cada día más indecentes y paganas. Le dije que las buscara en la vida de familia y trabajo, en la sencillez y sacrificio, en las jóvenes temerosas de DIOS. Y le dije también que, para poderla respetar hasta el Altar, estuviera cerca de DIOS, se confesara con frecuencia e hiciera mucha oración y penitencia.

5. NAVIDAD ES DIOS CON NOSOTROS. Histórica, en Belén. Actual, en cada Sacramento. Eterna, en el Cielo. Me preguntaba una chica de 5º año de secundaria en Micaela Bastidas: Padre, sin rodeos, deme una prueba de la existencia de DIOS. Si hay algo, es porque hay Alguien. JESUCRISTO le dije. Perfecto DIOS y perfecto HOMBRE. Que naciendo de una Virgen, como el rayo de sol atraviesa un cristal sin romperlo ni mancharlo, condena nuestra lujuria; que naciendo en la pobreza de un pesebre, condena nuestro afán de poseer riquezas materiales; y que haciéndose obediente al Padre de los Cielos y autoridades humanas, condena nuestra soberbia. No valen las interpretaciones falsas y tontas de personas ignorantes o malas para negar la Divinidad. Ahí tenemos la Historia, la Iglesia Católica, que bajo un Papa y con los 7 Sacramentos nos sigue presentando la verdad íntegra, anunciada y vivida por JESUS. Desde el Pesebre a la Cruz, las cosas de DIOS, siguen siendo locura y necedad para los mundanos, pero salvación para los que creen.

6. MIRA A JESUS. Es DIOS. Está en el pesebre, en el taller, en la vida de una familia, en la vida de un pueblo; en medio de multitudes, en oración solitaria noches enteras; andando sobre el mar, llorando ante Jerusalén; cansado junto al pozo, curando enfermos, resucitando muertos, enseñando a ricos y pobres; jugando con los niños, lavando los pies a quien le traiciona, dándose en alimento en la Eucaristía, destrozado en la Cruz, prometiendo el Reino ese mismo día a un ladrón; resucitando ante el espanto de los soldados romanos, apareciéndose a muchos sin usar puertas ni ventanas; palpado por Santo Tomás, comiendo; subiendo al Cielo; enviando al Espíritu Santo, controlando a SU Iglesia en el Papa y los Obispos; con la promesa de venir al final de la Historia. ¿Te has imaginado tu encuentro con EL? Te interesa hacerlo ahora con el arrepentimiento y confesión. Sólo cuando te rindas y humilles, serás elevado a DIOS.

7. 25 DE DICIEMBRE para los paganos antiguos: fiesta del sol, solsticio de invierno. Para los cristianos de siempre: recuerdo del nacimiento histórico en Belén y nacimiento real en mí por la Gracia, al confesar los pecados; y promesa de la última venida para juzgarnos. El hombre es elevado a la Familia de DIOS. Somos hechos hijos de DIOS, y, por tanto, herederos del CIELO. Por eso, tantos regalos, felicitaciones, y tanta alegría. No lo estropeemos en la noche del 31.

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soy diseñadora gráfica y profesora de religión y de lengua y literatura
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