Mostrando entradas con la etiqueta niños. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta niños. Mostrar todas las entradas

EL PAPA

9:07 0 Comments

CON EL BAUTISMO, EL SEÑOR CONCEDE LA LUZ DE LA FE PARA QUE RESPLANDEZCA EN UN MUNDO QUE CAMINA ENTRE LAS TINIEBLAS DE LA DUDA

Domingo, 10 enero.- En la celebración de la fiesta del Bautismo del Señor, en un clima de ternura y alegría, Benedicto XVI ha presidido esta mañana, en el marco magnífico de la Capilla Sixtina, la Santa Misa durante la cual ha tenido “el gozo de administrar”, como él mismo ha dicho, el sacramento del Bautismo a siete niñas y siete niños recién nacidos “acogidos con alegría en la Comunidad cristiana, que desde hoy se ha convertido en su familia”.
“La fe es un don que hay que descubrir, cultivar y testimoniar ha explicado el Papa- Con esta celebración del Bautismo, el Señor concede a cada uno de nosotros vivir la belleza y la alegría de ser cristianos, para que podamos introducir a los niños bautizados en la plenitud de la adhesión a Cristo”.

Con la fiesta del Bautismo de Jesús, ha explicado en Papa en su homilía, “continúa el ciclo de manifestaciones del Señor, que ha iniciado en Navidad con el nacimiento en Belén del Verbo encarnado, contemplado por María, José, y los pastores en la humildad del pesebre. Ha tenido también una etapa importante en la Epifanía, cuando el Mesías, a través de los Magos, se ha manifestado a todas las gentes. Hoy Jesús se revela, en las orillas del Jordán, a Juan, y al pueblo de Israel”.

Es la primera ocasión en la que Él, como hombre maduro, entra en la escena pública, tras haber dejado Nazaret. Lo encontramos junto al Bautista, al cual acude un gran número de gente, en una escena insólita. “El suyo es un bautismo de penitencia. Un signo que invita a la conversión, a cambiar vida, porque se acerca Aquel que 'bautizará en Espíritu santo y fuego'. De hecho, no se puede aspirar a un mundo nuevo quedando inmersos en el egoísmo y en las costumbres arraigadas al pecado”.

También Jesús abandona la casa y las normales ocupaciones para llegar al Jordán. Llega en medio de la multitud, que está escuchando al Bautista y se pone en fila como todos los otros, a la espera de ser bautizado. Juan a penas lo ve intuye que en aquel Hombre hay algo único, que es el misterioso Otro que esperaba y hacia el cual está orientada toda su vida. Comprende que está delante de Alguien más grande que él.
“En el Jordán, Jesús, sin embargo se manifiesta con una extraordinaria humildad, que recuerda la pobreza y la simplicidad del Niño acostado en el pesebre, y anticipa los sentimientos con los cuales, al final de sus días terrenos, llegará a lavar los pies de sus discípulos y sufrirá la humillación terrible de la cruz”

“El Hijo de Dios, Aquel que está sin pecado, -ha afirmado el Pontífice- se pone entre los pecadores. Muestra la cercanía de Dios al camino de conversión del hombre”. Jesús toma sobre sus hombros el peso de la culpa de la entera humanidad, “inicia su misión poniéndose en nuestro lugar, en la perspectiva de la cruz”.

Salido del agua, recogido en oración tras el bautismo, llega el momento esperado por los profetas: “De hecho, el cielo se abrió y descendió sobre Él el Espíritu Santo; se oyeron palabras nunca escuchadas antes: Tú eres mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto”

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo descienden entre los hombres y nos revelan su amor que salva. Si son los ángeles los que anuncian a los pastores el nacimiento del Salvador, y es la estrella la que advierte a los Magos venidos de Oriente, ahora es la voz misma del Padre la que indica a los hombres la presencia en el mundo su Hijo y el que invita a mirar a la resurrección, a la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte.

“El Evangelio, de hecho, es para nosotros gracia que da alegría y sentido a la vida. Éste, prosigue el Apóstol Pablo, nos enseña a renegar la impiedad y los deseos mundanos y a vivir en este mundo con sobriedad, con justicia, y con piedad; es decir, nos conduce a una vida más feliz, más hermosa, más solidaria, a una vida según el mandato de Dios. Podemos decir que también para estos niños hoy se abren lo cielos. Ellos reciben el don de la gracia del Bautismo y el Espíritu Santo habitará en ellos como en un templo, transformando en profundidad sus corazones”.

“Queridos amigos, hoy para estos niños es un gran día. Con el bautismo, ellos, convertidos en partícipes de la muerte y resurrección de Cristo, inician con Él la aventura gozosa y exaltadora del discípulo. La liturgia la representa como una experiencia de luz. De hecho, entregando a cada uno el cirio encendido en el cirio pascual, la Iglesia afirma: 'Recibís la luz de Cristo'.

En esta luz los niños bautizados deberán caminar toda su vida, ayudados por las palabras y el ejemplo de sus padres, padrinos y madrinas: “Todos ellos deberán empeñarse para alimentar con las palabras y el testimonio de sus vidas, las llamas de la fe de estos niños, para que pueda resplandecer en este mundo nuestro, que a menudo va a ciegas entre las tinieblas de la duda, la luz del Evangelio que es vida y esperanza…. Solemnidad de la Epifanía, Basílica de San Pedro, 6 enero 2010.

EN LAS LOMAS DEL POLO NORTE

14:41 0 Comments

POR SEGUNDO LLORENTE, S.J.


EL OASIS DE PILGRIM SPRINGS

El orfanotrofio de Pilgrim Springs

Después de haber pasado en la aldea polar de Kotzebue nueve meses consecutivos de invierno, meses de aislamiento absoluto, de tormentas, de frío y de noches que no amanecen, un día, al apuntar la primavera, me llegó una orden en virtud de la cual debía yo tomar el primer aeroplano disponible y volar a Pilgrim Springs, doscientos kilómetros al sur de Kotzebue.
El aeroplano llegó al vuelo y pronto me vi al ras de las nubes volando ruidosamente hacia el sur. Era para mi aquel un camino nuevo y desconocido. Poco antes de llegar a mi destino me dio voces el piloto rogándome que mirase a la derecha, donde pude ver una cruz incrustada en las rocas cumbres de un despeñadero. Allí abajo, en aquel valle fue hallado muerto el P. Ruppert, de grata memoria para los aficionados a las Misiones.
La cruz estaba muda y como perdida en aquella soledad de sepulcro. Nadie en el mundo la ha visto ni la verá jamás, pero, a pesar de los pesares, está allí erguida y satisfecha de realizar bien su cometido. A pocos minutos de ver la cruz llegamos al término del viaje.
Pilgrim Springs —Balnearios del Peregrino—, una escuela semejante en todo a la de Akulurak, que ya conocen los lectores de EN EL PAÍS DE LOS ETERNOS HIELOS.
En 1919, los Padres de Nome se internaron en la península de Seward y pernoctaron una noche en una venta que se alzaba en las márgenes de un arroyuelo en el que brota agua caliente —casi hirviendo— y al que iban a tomar las aguas los mineros afectados de reumatismo. En aquella venta se habían jugado fortunas enteras, y en ella la borrachera se había convertido en artículo de primera necesidad.
Hablando, hablando con el ventero, se llegó a un acuerdo, y los Padres compraron la venta con toda la propiedad adyacente, incluyendo los manantiales termales. Levantaron pronto unos edificios provisionales, y al año siguiente ya funcionaba la escuela.
Hoy el personal está formado por un Padre, dos Hermanos Coadjutores, cinco monjas Ursulinas y una rapacería bulliciosa que oscila entre sesenta y siete y setenta muchachos.
A diferencia de Akulurak, donde todos son eskimales puros y huérfanos, aquí son en su mayoría mestizos e incluso blancos, hijos de mineros vagabundos o desaparecidos o bien octogenarios, pero con una familia numerosa, y viudos.
Es un hecho que he observado de cerca y que rara vez falla. Estos rubios aventureros del Polo se casan a los sesenta con una indígena de veinte. Quince años más tarde se muere ella, y él queda viudo con siete hijos pequeños. Envejecido y violento no puede cuidar de familia tan necesitada; y la solución, desde 1920, ha sido muy sencilla: que los Padres de Springs carguen con ellos.
En algunos casos, raros, él se vuelve a casar, y me consta de un caso en el que todavía nació otra criatura. Por eso un mal intencionado dijo que aquí se conserva la virilidad hasta varias horas después de muerto.

La comunidad, los niños y el balneario

Inútil es decir que la terna que forma la Comunidad me recibió con los brazos abiertos, y pronto nos vimos enfrascados en una charla por demás amena. Por entonces empezaban a llegar noticias detalladas sobre la toma de Madrid, y decidimos escribir al general Franco en inglés y en español dándole el parabién y ofreciéndole nuestras oraciones para que lleve a feliz término lo comenzado.
Como mi visita no había de durar más que unos días, me apresuré a visitar las escuelas, donde pasé horas amenísimas contanto historias tétricas y de ladrones a la chiquillería.
Desfilaron ante nosotros procesiones de esqueletos nocturnos con candelas apagadas que venían en nuestra busca, pero que no nos hallaron porque las velas, como ya dijimos, estaban apagadas, y además teníamos bien cerradas las puertas y ventanas.
Vimos dragones alados con multitud de cabezas y pescuezos larguísimos, y se nos cuajó la sangre cuando un lobo montuno, con dientes como los dedos de la mano y ojos como tizones, atacó una choza donde dormía un niño angelical con la cabecita llena de rizos encantadores. Afortunadamente el lobo no salió con la suya, porque estaba en acecho un hombre, que le pegó dos tiros y le mató, y con eso respiramos todos y se nos ensanchó el corazón.
Luego me llevaron a ver el balneario. Todo el riachuelo, que se retuerce por la propiedad de la Misión, burbujea sin cesar y emite vapores que campean más en aquel panorama blanquísimo con un fondo de montañas repletas de nieve que amontonan mil ventisqueros invisibles. Se experimenta una sensación singular al meter la mano y sentir el agua caliente, mientras las botas están a la orilla hundidas a dos palmos de nieve.
A un lado del arroyo brotan tres manantiales copiosos que cubren sendas casetas con el fin de permitir baños privados. Es agua sulfúrica en ebullición, que apesta las primeras veces y que le cuece a une los huesos.
Ahí se matan los artritismos y toda su familia de reumas, como lo están continuamente experimentando no pocos huéspedes tullidos o en vías de estarlo. Aunque, por la gracia de Dios, yo no lo estoy, me bañé dos veces y sudé gotas gordas que me dejaron rendido y me trajeron un sueño reparador muy de desear.
La rapacería se baña todos los sábados, en grupos, vigilados por el H. Prefecto.

La tragedia del P. Ruppert.

Otro día hice, solo, una visita al cementerio, sito en un altozano, como a un kilómetro de las escuelas. Entre crucecitas de niños se alza la cruz del P. Ruppert.
Los que le ven en el cuadro del Vaticano, tendido en la nieve con el perro al lado, a modo de centinela, no experimentan ni la mitad del escalofrío que le corre a uno cuando separa a rezar un De profundis en la sepultura cubierta de nieve.
El Hermano Wilhalm me dio detalles tristísimos sobre su muerte. Aquí están seguros de que el pobre P. Ruppert pereció víctima de un desequilibrio mental muy común en estas regiones solitarias.
Aunque tenía un guía muy experto que había recorrido cien veces aquellos parajes y los sabia de memoria, el Padre insistió en querer probar fortuna por un atajo que a él le pareció que lo era, pero que al avisado guía le pareció un disparate rotundo. El Padre cortó por lo sano despidiendo al guía y lanzándose solo por el presunto y desdichado atajo en la mañana frigidísima del 16 de diciembre de 1923.
Al día siguiente llegó a la Misión, suelto y asustadizo, uno de los perros del trineo. —Malo —se dijeron en casa—; aquí ha ocurrido algo gordo.
Al día siguiente vino un viejo, y en la conversación dijo casualmente que había descubierto pisadas errantes de alguno que estaba o perdido o aterido. Una simple pisada en la nieve le dice mundos al eskimal avezado.
Por la tarde llegó otro perro suelto y asustadizo como el primero. Por la noche llegó otro. Aquello se iba poniendo demasiado serio, y el corazón comenzó a latir un poco de prisa.
Al amanecer salieron los dos hermanos con el viejo, pero no encontraron nada. Volvieron al día siguiente con un chico que los quiso acompañar, y a poco encontraron la gorra del Padre —una gorra de piel de castor— medio comida por los perros.
Siguieron un rastro que se extendía por círculos extraviados y, al doblar un terraplén, vieron sobre el hielo del río a Mink, el perro delantero, acurrucado junto al cadáver. Es falso que el perro ladrase y defendiese al Padre. Al verlos, el perro se les acercó muy zalamero, como no podía menos de suceder, pues eran los amos y se había criado con ellos.
Como no hay regla sin excepción, aunque en semejantes circunstancias los cadáveres aparecen boca abajo, el P. Ruppert estaba tendido boca arriba con los brazos extendidos, helado y tieso como hierro, no con el abrigo puesto, como aparece en el famoso dibujo, sino en mangas de camisa.
Varios cadáveres han sido hallados completamente desnudos, helados y rígidos, pues es un hecho comprobado que el frío excesivo produce los efectos de asfixia por aquello de que los extremos se tocan.
Llevado penosamente a la Misión, le reblandecieron con agua hirviendo hasta que lograron doblarle los brazos y ajustarle en el ataúd. Hubo lágrimas amargas al par que resignadas, y en la Misión todos adoraron los inescrutables juicios de Dios.
Sé buscó en vano el trineo por todos los alrededores, hasta que ya avanzada la primavera, el Hermano Jansen que se dirigía a Nome, lo halló donde nadie lo esperaba. Allí estaban los arreos de los perros, recogidos y cuidadosamente doblados. Cerca estaba un cajón de naranjas ya podridas.
Más allá estaba el parke o abrigo de pieles, muy bien dobladito, sobre la copa de un arbusto pequeño repleto de ramaje. En el trineo había un sobre con dos billetes de cien dólares cada uno. Era el dinero para una estatua de San José qua habían encargado.Este hallazgo peregrino convenció finalmente a los Padres que el malogrado P. Ruppert se extravió, vagó en todas direcciones y, como tal vez el perro delantero tiraba para donde al Padre le parecía que no era razón tirar, soltó los perros y se dirigió a pie, solo, de noche, hambriento y tiritando hasta que no pudo más. Probablemente dio voces y escuchó; pero, con una montaña de por medio, ¿quién le iba a responder?
Aquella misma noche en Nome, a ochenta kilómetros de distancia, un señor fue a visitar al P. Lafortune para decirle que no podía echar de sí la convicción de que el P. Ruppert estaba sufriendo penosísimamente. El P. Lafortune rió la broma, le dio un cigarro y ahí paró todo.
Finalmente, Mink, el perro famoso, quedó tan escarmentado que cuando el Hermano le sacaba los domingos a dar un paseo, no se le apartaba de las piernas, y un día, como al trepar un ribazo el Hermano cayese de bruces, Mink se alborotó sobremanera y le empezó a ayudar a levantarse.
Fingió el Hermano varias veces caerse y quedar inmóvil, y el perro le levantaba agarrándole por el cuello del abrigo. Tal vez aquello era una repetición macabra de su comportamiento fiel y caballeroso con el moribundo P. Ruppert. Todo esto me contó el buen H. Wilhalm, uno de los fundadores de la Misión.
Aquí en Springs hay un grupo de huérfanos de Kotzebue, mis parroquianos, y con ellos me saqué varias fotos vestido con el abrigo del P. Ruppert, que se conserva tal y como lo encontró el Hermano.

Días agradables.

¡Qué días tan agradables los que pasé en Springs! Mi visita fue aprovechada para variar de confesor, y todos desfilaron por mi confesionario. Les oí dos Misas cantadas, preciosamente ejecutadas, y las monjas me forzaron a darles tres pláticas sobre algún tema subido que las sacase de la rutina prosaica de la escuela. Escogí las «MORADAS DE SANTA TERESA», y divagamos libremente sobre diversas formas de misticismo clásico y genuino. Asimismo pasamos juntos algunas recreaciones muy divertidas.
Después de nueve meses de aislamiento entre eskimales embotados, estas conversaciones tenían auras de oasis en un desierto retostado y solitario.
Otra experiencia digna de mención es el contento natural, que me embargaba cada vez que me sentaba a la mesa y veía los manjares listos sin que yo les hubiese guisado, es decir, sin que yo hubiera pelado las patatas, sin que yo hubiera cortado la carne, sin que yo hubiera tenido que atizar y soplar el fuego, mohino y malhumorado, como lo había venido haciendo todo el invierno.
Hubo también ratos de ajedrez, con el consiguiente esfuerzo mental callado, pero tenaz y visible en jaques mates que nos administrábamos sin compasión.

El sol de media noche.

Desde Springs fui a Nome —como veremos en otro capítulo—, y de vuelta a Kotzebue me detuve nuevamente en Springs, donde escribo estas líneas, y donde lo encontré todo muy cambiado. Ya no hay nieve en los llanos, aunque las cumbres de las montañas están blancas, con manchones negruzcos y sombríos. Los arbustos están cubiertos de follaje verde, y el campo está rejuvenecido y primaverizado. En los terrenos labrados, el Hermano ha plantado lechugas, cebollas, guisantes, nabos y patatas, y ayer le ayudé yo a plantar diez hileras de berzas, cuyos cogollos yo no veré ni gustaré, por no haber medios de comunicación entre Springs y Kotzebue.
Anoche me acosté a media noche, por el placer de ver el sol a ras del horizonte y rezar el Breviario en el jardín.
Con tanta luz solar, las hortalizas crecen con prisa y exhuberancia locas. Todo tiene que estar maduro para septiembre, cuando empiezan las heladas, que matan el suelo y no le dejan revivir hasta fines de mayo.
Aquí, en las fronteras del Círculo Polar Artico, donde todo es desierto, y pampa, y páramos estériles, y estepas rocosas, y ciénagas pantanosas; aquí, donde la naturaleza es una madrastra roñosa y sin entrañas; aquí, en estos horizontes solitarios habitados por el oso blanco, el lobo carnicero y el reno montaraz, aquí mismo, Dios nuestro Señor dejó caer de la mano un vallecito pintoresco, con sierras por vallado y el cielo por techumbre, y fabricó cariñosamente un terreno de entrañas blandas y pecho generoso que se deja hendir por la reja y da el ciento por uno para sostén de huerfanitos destituidos de todo otro medio de manutención.
Es un argumento más de la veracidad de las palabras evangélicas: “Si Dios alimenta las aves del cielo que no aran, ni siembran, ni recogen en graneros, y viste a los lirios de un ropaje envidiado por los reyes más abastados, ¿cómo se va a olvidar de nosotros, sus hijos, que tanto le costamos y a quienes ha dado muestras de amor tan paternal?»

¿Faltará el combustible?

Hasta ahora nos había provisto de combustible la selva de arbustos que crecían al calor de las aguas termales. La selva de1919 se ha convertido en espesuras cada vez más ralas de arbolillos cada vez más pequeños e inservibles. Dentro de dos años no quedará ni un árbol.
Se trate de traer por el río unas cincuenta toneladas de carbón que mantengan las estufas desde agosto hasta fines de mayo. Los gastos que esto supone se echan fácilmente de ver, y corren rumores de días aciagos para la escuela orfanotrofio de Pilgrim Springs, por falta de combustible.
¡Que el Señor de la mies no eche en olvido esta parcela de su viña universal!

DIOS VIENE A SALVARNOS

14:53 0 Comments

+ ¿Salvarnos? De los varios cientos de personas que se me acercan todos los meses, bastantes me han preguntado sobre la salvación y la otra vida. Reflexionemos:

1.- ¿De qué? Del Infierno eterno. Quiere llevarte al Cielo, pero si te empeñas en vivir como hijo del Diablo, en pecado, te espera el Infierno eterno, donde nunca podrás ver a DIOS ni gozar de Él, además de todos los sufrimientos que te puedas imaginar, para el cuerpo y para el alma. Y no me digas que el Infierno ya está aquí en la tierra. Aquí hay muchos consuelos, allí no; aquí hay esperanza, allí no; aquí tienes libertad, allí, no; aquí puedes arrepentirte, allí, no; y todo, por no querer hacer la santa voluntad de DIOS, y entregarte a hacer la voluntad del Diablo.

2.- La Navidad, que es DIOS con nosotros, no es sólo el recuerdo histórico de hace 2009 años que vino Jesús naciendo milagrosamente de la siempre Virgen María, como el rayo de sol atraviesa el cristal, sin romperlo ni mancharlo, bajo la fiel custodia de San José; es también la Navidad actual, en que Jesús nace en tu alma cuando haces una buena confesión y te quitas todos los pecados; es también cuando viene en los Sacramentos, especialmente en la Santa Misa, Sacrificio de Cristo y Banquete, dándonos luz y fuerza para poder vivir como hijo de DIOS en cualquier ambiente. Y es también la Navidad eterna en el Cielo, donde tendremos la felicidad completa, sin ningún temor, sin ninguna ansiedad, sin cansarnos ni aburrirnos. Según la Gracia acumulada en la tierra, será la Gloria que tendremos en el Cielo. Y si al morir, no tienes Gracia, no tendrás Gloria; irás al Infierno.

3.- Los que se van de la Iglesia Católica, en la mayoría de los casos, es por ignorancia de su doctrina que nunca vivieron; es por interés si les ayudan en cosas materiales; o es por resentimiento. NO te asustes de lo que veas en la parte humana de la Iglesia; piensa en su parte Divina, y siempre estarás alegre, feliz y seguro. Y no hagas caso de los que quieren imponer la tiranía del Relativismo, negando las Verdades Eternas de la Fe o Dogmas y dejando de lado la Moral Católica o Ética, que te dice lo que es bueno y lo que es malo, y lo que te espera después de la muerte, que viene para todos, antes o después, queramos o no queramos.

4.- Ni debemos asustarnos por los avances de las Sectas o del mundo árabe que trata de dominarlo todo. Recordemos la Historia, veamos las grandes herejías que ha habido en la Iglesia, dividiéndola grandemente como ocurrió con el Arrianismo que negaba la Divinidad de Jesucristo, o del Luteranismo dividiendo Europa en dos al rechazar al Papa y a la Iglesia, negando cinco Sacramentos y otros Dogmas, así como la riqueza que tenemos en la siempre Virgen María, Madre de DIOS y nuestra, y la poderosa intercesión de los Ángeles y Santos. También vemos que de todos países en que los árabes dominaron, en España, a pesar de estar casi ochocientos años, no pudieron destruir a la Iglesia. Igual vemos con el Comunismo y todos los enemigos que puedan venir. Porque la Iglesia es de Jesucristo y Jesucristo es DIOS.

5.- DIOS mío, perdona todos mis pecados. Virgen Inmaculada, ayúdame a hacer una buena confesión. Ángel Custodio, guíame siempre hacia el Cielo. Te bendice, Padre Juan Alvarez

Mostrando entradas con la etiqueta niños. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta niños. Mostrar todas las entradas

EL PAPA

miércoles, 12 de mayo de 2010
CON EL BAUTISMO, EL SEÑOR CONCEDE LA LUZ DE LA FE PARA QUE RESPLANDEZCA EN UN MUNDO QUE CAMINA ENTRE LAS TINIEBLAS DE LA DUDA

Domingo, 10 enero.- En la celebración de la fiesta del Bautismo del Señor, en un clima de ternura y alegría, Benedicto XVI ha presidido esta mañana, en el marco magnífico de la Capilla Sixtina, la Santa Misa durante la cual ha tenido “el gozo de administrar”, como él mismo ha dicho, el sacramento del Bautismo a siete niñas y siete niños recién nacidos “acogidos con alegría en la Comunidad cristiana, que desde hoy se ha convertido en su familia”.
“La fe es un don que hay que descubrir, cultivar y testimoniar ha explicado el Papa- Con esta celebración del Bautismo, el Señor concede a cada uno de nosotros vivir la belleza y la alegría de ser cristianos, para que podamos introducir a los niños bautizados en la plenitud de la adhesión a Cristo”.

Con la fiesta del Bautismo de Jesús, ha explicado en Papa en su homilía, “continúa el ciclo de manifestaciones del Señor, que ha iniciado en Navidad con el nacimiento en Belén del Verbo encarnado, contemplado por María, José, y los pastores en la humildad del pesebre. Ha tenido también una etapa importante en la Epifanía, cuando el Mesías, a través de los Magos, se ha manifestado a todas las gentes. Hoy Jesús se revela, en las orillas del Jordán, a Juan, y al pueblo de Israel”.

Es la primera ocasión en la que Él, como hombre maduro, entra en la escena pública, tras haber dejado Nazaret. Lo encontramos junto al Bautista, al cual acude un gran número de gente, en una escena insólita. “El suyo es un bautismo de penitencia. Un signo que invita a la conversión, a cambiar vida, porque se acerca Aquel que 'bautizará en Espíritu santo y fuego'. De hecho, no se puede aspirar a un mundo nuevo quedando inmersos en el egoísmo y en las costumbres arraigadas al pecado”.

También Jesús abandona la casa y las normales ocupaciones para llegar al Jordán. Llega en medio de la multitud, que está escuchando al Bautista y se pone en fila como todos los otros, a la espera de ser bautizado. Juan a penas lo ve intuye que en aquel Hombre hay algo único, que es el misterioso Otro que esperaba y hacia el cual está orientada toda su vida. Comprende que está delante de Alguien más grande que él.
“En el Jordán, Jesús, sin embargo se manifiesta con una extraordinaria humildad, que recuerda la pobreza y la simplicidad del Niño acostado en el pesebre, y anticipa los sentimientos con los cuales, al final de sus días terrenos, llegará a lavar los pies de sus discípulos y sufrirá la humillación terrible de la cruz”

“El Hijo de Dios, Aquel que está sin pecado, -ha afirmado el Pontífice- se pone entre los pecadores. Muestra la cercanía de Dios al camino de conversión del hombre”. Jesús toma sobre sus hombros el peso de la culpa de la entera humanidad, “inicia su misión poniéndose en nuestro lugar, en la perspectiva de la cruz”.

Salido del agua, recogido en oración tras el bautismo, llega el momento esperado por los profetas: “De hecho, el cielo se abrió y descendió sobre Él el Espíritu Santo; se oyeron palabras nunca escuchadas antes: Tú eres mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto”

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo descienden entre los hombres y nos revelan su amor que salva. Si son los ángeles los que anuncian a los pastores el nacimiento del Salvador, y es la estrella la que advierte a los Magos venidos de Oriente, ahora es la voz misma del Padre la que indica a los hombres la presencia en el mundo su Hijo y el que invita a mirar a la resurrección, a la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte.

“El Evangelio, de hecho, es para nosotros gracia que da alegría y sentido a la vida. Éste, prosigue el Apóstol Pablo, nos enseña a renegar la impiedad y los deseos mundanos y a vivir en este mundo con sobriedad, con justicia, y con piedad; es decir, nos conduce a una vida más feliz, más hermosa, más solidaria, a una vida según el mandato de Dios. Podemos decir que también para estos niños hoy se abren lo cielos. Ellos reciben el don de la gracia del Bautismo y el Espíritu Santo habitará en ellos como en un templo, transformando en profundidad sus corazones”.

“Queridos amigos, hoy para estos niños es un gran día. Con el bautismo, ellos, convertidos en partícipes de la muerte y resurrección de Cristo, inician con Él la aventura gozosa y exaltadora del discípulo. La liturgia la representa como una experiencia de luz. De hecho, entregando a cada uno el cirio encendido en el cirio pascual, la Iglesia afirma: 'Recibís la luz de Cristo'.

En esta luz los niños bautizados deberán caminar toda su vida, ayudados por las palabras y el ejemplo de sus padres, padrinos y madrinas: “Todos ellos deberán empeñarse para alimentar con las palabras y el testimonio de sus vidas, las llamas de la fe de estos niños, para que pueda resplandecer en este mundo nuestro, que a menudo va a ciegas entre las tinieblas de la duda, la luz del Evangelio que es vida y esperanza…. Solemnidad de la Epifanía, Basílica de San Pedro, 6 enero 2010.

EN LAS LOMAS DEL POLO NORTE

miércoles, 31 de marzo de 2010
POR SEGUNDO LLORENTE, S.J.


EL OASIS DE PILGRIM SPRINGS

El orfanotrofio de Pilgrim Springs

Después de haber pasado en la aldea polar de Kotzebue nueve meses consecutivos de invierno, meses de aislamiento absoluto, de tormentas, de frío y de noches que no amanecen, un día, al apuntar la primavera, me llegó una orden en virtud de la cual debía yo tomar el primer aeroplano disponible y volar a Pilgrim Springs, doscientos kilómetros al sur de Kotzebue.
El aeroplano llegó al vuelo y pronto me vi al ras de las nubes volando ruidosamente hacia el sur. Era para mi aquel un camino nuevo y desconocido. Poco antes de llegar a mi destino me dio voces el piloto rogándome que mirase a la derecha, donde pude ver una cruz incrustada en las rocas cumbres de un despeñadero. Allí abajo, en aquel valle fue hallado muerto el P. Ruppert, de grata memoria para los aficionados a las Misiones.
La cruz estaba muda y como perdida en aquella soledad de sepulcro. Nadie en el mundo la ha visto ni la verá jamás, pero, a pesar de los pesares, está allí erguida y satisfecha de realizar bien su cometido. A pocos minutos de ver la cruz llegamos al término del viaje.
Pilgrim Springs —Balnearios del Peregrino—, una escuela semejante en todo a la de Akulurak, que ya conocen los lectores de EN EL PAÍS DE LOS ETERNOS HIELOS.
En 1919, los Padres de Nome se internaron en la península de Seward y pernoctaron una noche en una venta que se alzaba en las márgenes de un arroyuelo en el que brota agua caliente —casi hirviendo— y al que iban a tomar las aguas los mineros afectados de reumatismo. En aquella venta se habían jugado fortunas enteras, y en ella la borrachera se había convertido en artículo de primera necesidad.
Hablando, hablando con el ventero, se llegó a un acuerdo, y los Padres compraron la venta con toda la propiedad adyacente, incluyendo los manantiales termales. Levantaron pronto unos edificios provisionales, y al año siguiente ya funcionaba la escuela.
Hoy el personal está formado por un Padre, dos Hermanos Coadjutores, cinco monjas Ursulinas y una rapacería bulliciosa que oscila entre sesenta y siete y setenta muchachos.
A diferencia de Akulurak, donde todos son eskimales puros y huérfanos, aquí son en su mayoría mestizos e incluso blancos, hijos de mineros vagabundos o desaparecidos o bien octogenarios, pero con una familia numerosa, y viudos.
Es un hecho que he observado de cerca y que rara vez falla. Estos rubios aventureros del Polo se casan a los sesenta con una indígena de veinte. Quince años más tarde se muere ella, y él queda viudo con siete hijos pequeños. Envejecido y violento no puede cuidar de familia tan necesitada; y la solución, desde 1920, ha sido muy sencilla: que los Padres de Springs carguen con ellos.
En algunos casos, raros, él se vuelve a casar, y me consta de un caso en el que todavía nació otra criatura. Por eso un mal intencionado dijo que aquí se conserva la virilidad hasta varias horas después de muerto.

La comunidad, los niños y el balneario

Inútil es decir que la terna que forma la Comunidad me recibió con los brazos abiertos, y pronto nos vimos enfrascados en una charla por demás amena. Por entonces empezaban a llegar noticias detalladas sobre la toma de Madrid, y decidimos escribir al general Franco en inglés y en español dándole el parabién y ofreciéndole nuestras oraciones para que lleve a feliz término lo comenzado.
Como mi visita no había de durar más que unos días, me apresuré a visitar las escuelas, donde pasé horas amenísimas contanto historias tétricas y de ladrones a la chiquillería.
Desfilaron ante nosotros procesiones de esqueletos nocturnos con candelas apagadas que venían en nuestra busca, pero que no nos hallaron porque las velas, como ya dijimos, estaban apagadas, y además teníamos bien cerradas las puertas y ventanas.
Vimos dragones alados con multitud de cabezas y pescuezos larguísimos, y se nos cuajó la sangre cuando un lobo montuno, con dientes como los dedos de la mano y ojos como tizones, atacó una choza donde dormía un niño angelical con la cabecita llena de rizos encantadores. Afortunadamente el lobo no salió con la suya, porque estaba en acecho un hombre, que le pegó dos tiros y le mató, y con eso respiramos todos y se nos ensanchó el corazón.
Luego me llevaron a ver el balneario. Todo el riachuelo, que se retuerce por la propiedad de la Misión, burbujea sin cesar y emite vapores que campean más en aquel panorama blanquísimo con un fondo de montañas repletas de nieve que amontonan mil ventisqueros invisibles. Se experimenta una sensación singular al meter la mano y sentir el agua caliente, mientras las botas están a la orilla hundidas a dos palmos de nieve.
A un lado del arroyo brotan tres manantiales copiosos que cubren sendas casetas con el fin de permitir baños privados. Es agua sulfúrica en ebullición, que apesta las primeras veces y que le cuece a une los huesos.
Ahí se matan los artritismos y toda su familia de reumas, como lo están continuamente experimentando no pocos huéspedes tullidos o en vías de estarlo. Aunque, por la gracia de Dios, yo no lo estoy, me bañé dos veces y sudé gotas gordas que me dejaron rendido y me trajeron un sueño reparador muy de desear.
La rapacería se baña todos los sábados, en grupos, vigilados por el H. Prefecto.

La tragedia del P. Ruppert.

Otro día hice, solo, una visita al cementerio, sito en un altozano, como a un kilómetro de las escuelas. Entre crucecitas de niños se alza la cruz del P. Ruppert.
Los que le ven en el cuadro del Vaticano, tendido en la nieve con el perro al lado, a modo de centinela, no experimentan ni la mitad del escalofrío que le corre a uno cuando separa a rezar un De profundis en la sepultura cubierta de nieve.
El Hermano Wilhalm me dio detalles tristísimos sobre su muerte. Aquí están seguros de que el pobre P. Ruppert pereció víctima de un desequilibrio mental muy común en estas regiones solitarias.
Aunque tenía un guía muy experto que había recorrido cien veces aquellos parajes y los sabia de memoria, el Padre insistió en querer probar fortuna por un atajo que a él le pareció que lo era, pero que al avisado guía le pareció un disparate rotundo. El Padre cortó por lo sano despidiendo al guía y lanzándose solo por el presunto y desdichado atajo en la mañana frigidísima del 16 de diciembre de 1923.
Al día siguiente llegó a la Misión, suelto y asustadizo, uno de los perros del trineo. —Malo —se dijeron en casa—; aquí ha ocurrido algo gordo.
Al día siguiente vino un viejo, y en la conversación dijo casualmente que había descubierto pisadas errantes de alguno que estaba o perdido o aterido. Una simple pisada en la nieve le dice mundos al eskimal avezado.
Por la tarde llegó otro perro suelto y asustadizo como el primero. Por la noche llegó otro. Aquello se iba poniendo demasiado serio, y el corazón comenzó a latir un poco de prisa.
Al amanecer salieron los dos hermanos con el viejo, pero no encontraron nada. Volvieron al día siguiente con un chico que los quiso acompañar, y a poco encontraron la gorra del Padre —una gorra de piel de castor— medio comida por los perros.
Siguieron un rastro que se extendía por círculos extraviados y, al doblar un terraplén, vieron sobre el hielo del río a Mink, el perro delantero, acurrucado junto al cadáver. Es falso que el perro ladrase y defendiese al Padre. Al verlos, el perro se les acercó muy zalamero, como no podía menos de suceder, pues eran los amos y se había criado con ellos.
Como no hay regla sin excepción, aunque en semejantes circunstancias los cadáveres aparecen boca abajo, el P. Ruppert estaba tendido boca arriba con los brazos extendidos, helado y tieso como hierro, no con el abrigo puesto, como aparece en el famoso dibujo, sino en mangas de camisa.
Varios cadáveres han sido hallados completamente desnudos, helados y rígidos, pues es un hecho comprobado que el frío excesivo produce los efectos de asfixia por aquello de que los extremos se tocan.
Llevado penosamente a la Misión, le reblandecieron con agua hirviendo hasta que lograron doblarle los brazos y ajustarle en el ataúd. Hubo lágrimas amargas al par que resignadas, y en la Misión todos adoraron los inescrutables juicios de Dios.
Sé buscó en vano el trineo por todos los alrededores, hasta que ya avanzada la primavera, el Hermano Jansen que se dirigía a Nome, lo halló donde nadie lo esperaba. Allí estaban los arreos de los perros, recogidos y cuidadosamente doblados. Cerca estaba un cajón de naranjas ya podridas.
Más allá estaba el parke o abrigo de pieles, muy bien dobladito, sobre la copa de un arbusto pequeño repleto de ramaje. En el trineo había un sobre con dos billetes de cien dólares cada uno. Era el dinero para una estatua de San José qua habían encargado.Este hallazgo peregrino convenció finalmente a los Padres que el malogrado P. Ruppert se extravió, vagó en todas direcciones y, como tal vez el perro delantero tiraba para donde al Padre le parecía que no era razón tirar, soltó los perros y se dirigió a pie, solo, de noche, hambriento y tiritando hasta que no pudo más. Probablemente dio voces y escuchó; pero, con una montaña de por medio, ¿quién le iba a responder?
Aquella misma noche en Nome, a ochenta kilómetros de distancia, un señor fue a visitar al P. Lafortune para decirle que no podía echar de sí la convicción de que el P. Ruppert estaba sufriendo penosísimamente. El P. Lafortune rió la broma, le dio un cigarro y ahí paró todo.
Finalmente, Mink, el perro famoso, quedó tan escarmentado que cuando el Hermano le sacaba los domingos a dar un paseo, no se le apartaba de las piernas, y un día, como al trepar un ribazo el Hermano cayese de bruces, Mink se alborotó sobremanera y le empezó a ayudar a levantarse.
Fingió el Hermano varias veces caerse y quedar inmóvil, y el perro le levantaba agarrándole por el cuello del abrigo. Tal vez aquello era una repetición macabra de su comportamiento fiel y caballeroso con el moribundo P. Ruppert. Todo esto me contó el buen H. Wilhalm, uno de los fundadores de la Misión.
Aquí en Springs hay un grupo de huérfanos de Kotzebue, mis parroquianos, y con ellos me saqué varias fotos vestido con el abrigo del P. Ruppert, que se conserva tal y como lo encontró el Hermano.

Días agradables.

¡Qué días tan agradables los que pasé en Springs! Mi visita fue aprovechada para variar de confesor, y todos desfilaron por mi confesionario. Les oí dos Misas cantadas, preciosamente ejecutadas, y las monjas me forzaron a darles tres pláticas sobre algún tema subido que las sacase de la rutina prosaica de la escuela. Escogí las «MORADAS DE SANTA TERESA», y divagamos libremente sobre diversas formas de misticismo clásico y genuino. Asimismo pasamos juntos algunas recreaciones muy divertidas.
Después de nueve meses de aislamiento entre eskimales embotados, estas conversaciones tenían auras de oasis en un desierto retostado y solitario.
Otra experiencia digna de mención es el contento natural, que me embargaba cada vez que me sentaba a la mesa y veía los manjares listos sin que yo les hubiese guisado, es decir, sin que yo hubiera pelado las patatas, sin que yo hubiera cortado la carne, sin que yo hubiera tenido que atizar y soplar el fuego, mohino y malhumorado, como lo había venido haciendo todo el invierno.
Hubo también ratos de ajedrez, con el consiguiente esfuerzo mental callado, pero tenaz y visible en jaques mates que nos administrábamos sin compasión.

El sol de media noche.

Desde Springs fui a Nome —como veremos en otro capítulo—, y de vuelta a Kotzebue me detuve nuevamente en Springs, donde escribo estas líneas, y donde lo encontré todo muy cambiado. Ya no hay nieve en los llanos, aunque las cumbres de las montañas están blancas, con manchones negruzcos y sombríos. Los arbustos están cubiertos de follaje verde, y el campo está rejuvenecido y primaverizado. En los terrenos labrados, el Hermano ha plantado lechugas, cebollas, guisantes, nabos y patatas, y ayer le ayudé yo a plantar diez hileras de berzas, cuyos cogollos yo no veré ni gustaré, por no haber medios de comunicación entre Springs y Kotzebue.
Anoche me acosté a media noche, por el placer de ver el sol a ras del horizonte y rezar el Breviario en el jardín.
Con tanta luz solar, las hortalizas crecen con prisa y exhuberancia locas. Todo tiene que estar maduro para septiembre, cuando empiezan las heladas, que matan el suelo y no le dejan revivir hasta fines de mayo.
Aquí, en las fronteras del Círculo Polar Artico, donde todo es desierto, y pampa, y páramos estériles, y estepas rocosas, y ciénagas pantanosas; aquí, donde la naturaleza es una madrastra roñosa y sin entrañas; aquí, en estos horizontes solitarios habitados por el oso blanco, el lobo carnicero y el reno montaraz, aquí mismo, Dios nuestro Señor dejó caer de la mano un vallecito pintoresco, con sierras por vallado y el cielo por techumbre, y fabricó cariñosamente un terreno de entrañas blandas y pecho generoso que se deja hendir por la reja y da el ciento por uno para sostén de huerfanitos destituidos de todo otro medio de manutención.
Es un argumento más de la veracidad de las palabras evangélicas: “Si Dios alimenta las aves del cielo que no aran, ni siembran, ni recogen en graneros, y viste a los lirios de un ropaje envidiado por los reyes más abastados, ¿cómo se va a olvidar de nosotros, sus hijos, que tanto le costamos y a quienes ha dado muestras de amor tan paternal?»

¿Faltará el combustible?

Hasta ahora nos había provisto de combustible la selva de arbustos que crecían al calor de las aguas termales. La selva de1919 se ha convertido en espesuras cada vez más ralas de arbolillos cada vez más pequeños e inservibles. Dentro de dos años no quedará ni un árbol.
Se trate de traer por el río unas cincuenta toneladas de carbón que mantengan las estufas desde agosto hasta fines de mayo. Los gastos que esto supone se echan fácilmente de ver, y corren rumores de días aciagos para la escuela orfanotrofio de Pilgrim Springs, por falta de combustible.
¡Que el Señor de la mies no eche en olvido esta parcela de su viña universal!

DIOS VIENE A SALVARNOS

viernes, 29 de enero de 2010
+ ¿Salvarnos? De los varios cientos de personas que se me acercan todos los meses, bastantes me han preguntado sobre la salvación y la otra vida. Reflexionemos:

1.- ¿De qué? Del Infierno eterno. Quiere llevarte al Cielo, pero si te empeñas en vivir como hijo del Diablo, en pecado, te espera el Infierno eterno, donde nunca podrás ver a DIOS ni gozar de Él, además de todos los sufrimientos que te puedas imaginar, para el cuerpo y para el alma. Y no me digas que el Infierno ya está aquí en la tierra. Aquí hay muchos consuelos, allí no; aquí hay esperanza, allí no; aquí tienes libertad, allí, no; aquí puedes arrepentirte, allí, no; y todo, por no querer hacer la santa voluntad de DIOS, y entregarte a hacer la voluntad del Diablo.

2.- La Navidad, que es DIOS con nosotros, no es sólo el recuerdo histórico de hace 2009 años que vino Jesús naciendo milagrosamente de la siempre Virgen María, como el rayo de sol atraviesa el cristal, sin romperlo ni mancharlo, bajo la fiel custodia de San José; es también la Navidad actual, en que Jesús nace en tu alma cuando haces una buena confesión y te quitas todos los pecados; es también cuando viene en los Sacramentos, especialmente en la Santa Misa, Sacrificio de Cristo y Banquete, dándonos luz y fuerza para poder vivir como hijo de DIOS en cualquier ambiente. Y es también la Navidad eterna en el Cielo, donde tendremos la felicidad completa, sin ningún temor, sin ninguna ansiedad, sin cansarnos ni aburrirnos. Según la Gracia acumulada en la tierra, será la Gloria que tendremos en el Cielo. Y si al morir, no tienes Gracia, no tendrás Gloria; irás al Infierno.

3.- Los que se van de la Iglesia Católica, en la mayoría de los casos, es por ignorancia de su doctrina que nunca vivieron; es por interés si les ayudan en cosas materiales; o es por resentimiento. NO te asustes de lo que veas en la parte humana de la Iglesia; piensa en su parte Divina, y siempre estarás alegre, feliz y seguro. Y no hagas caso de los que quieren imponer la tiranía del Relativismo, negando las Verdades Eternas de la Fe o Dogmas y dejando de lado la Moral Católica o Ética, que te dice lo que es bueno y lo que es malo, y lo que te espera después de la muerte, que viene para todos, antes o después, queramos o no queramos.

4.- Ni debemos asustarnos por los avances de las Sectas o del mundo árabe que trata de dominarlo todo. Recordemos la Historia, veamos las grandes herejías que ha habido en la Iglesia, dividiéndola grandemente como ocurrió con el Arrianismo que negaba la Divinidad de Jesucristo, o del Luteranismo dividiendo Europa en dos al rechazar al Papa y a la Iglesia, negando cinco Sacramentos y otros Dogmas, así como la riqueza que tenemos en la siempre Virgen María, Madre de DIOS y nuestra, y la poderosa intercesión de los Ángeles y Santos. También vemos que de todos países en que los árabes dominaron, en España, a pesar de estar casi ochocientos años, no pudieron destruir a la Iglesia. Igual vemos con el Comunismo y todos los enemigos que puedan venir. Porque la Iglesia es de Jesucristo y Jesucristo es DIOS.

5.- DIOS mío, perdona todos mis pecados. Virgen Inmaculada, ayúdame a hacer una buena confesión. Ángel Custodio, guíame siempre hacia el Cielo. Te bendice, Padre Juan Alvarez

Blogger news

Video

Links

About

Con la tecnología de Blogger.

About Me

Mi foto
Rosario Serrano
soy diseñadora gráfica y profesora de religión y de lengua y literatura
Ver todo mi perfil

Search